A los venezolanos se nos hincha el pecho de orgullo cuando hablamos de lo nuestro, igual como lo haría cualquier otro embajador apasionado por su tierra y sus raíces. Y es que no se trata de un tema de nacionalidad sino de identidad, de pertenencia, de sentirnos orgullosos de nuestra cultura, de nuestras tradiciones, y por supuesto, de nuestra gastronomía.
Venezolano que se respeta, defiende a capa y espada la autoría de la arepa, se vanagloria al saber que hoy el tequeño recorre el mundo, y llegada la navidad, hace alarde de nuestro tradicional plato navideño: hallacas, ensalada de gallinas, pernil y pan de jamón. Con ese cuarteto sobre la mesa, nos atrevemos a conquistar los más exigentes paladares, bajo el lema: lo nuestro es lo mejor. Sí, yo sé, podemos ser insoportablemente echones, al punto que competimos entre nosotros mismos al decir, por ejemplo: la mejor hallaca la hace mi mamá. Sí, así somos.
Volviendo al punto. Si bien la hallaca, el pan de jamón, el pernil y la ensalada, conforman nuestro insigne plato navideño, por alguna extraña razón comerlo en cualquier otra fecha del año hace que nos sepa a gloria, es como si hiciéramos un ritual para ir preparándonos para ese gran banquete con el despedimos el último mes del año. Así que vamos paso a paso, educando al paladar, y por ende al organismo para someterlo a una comelona extrema. Como buena venezolana, yo ya comencé ese entrenamiento.
En Venezuela, es común para estas fechas que las panaderías empiecen a ofrecer el pan que a casi todos nos hace felices: el pan de jamón. Y digo casi, porque hay una minoría que comete sacrilegio con el pan de jamón.
Les cuento, la receta tal como la conoce hace referencia a un pan que se elabora relleno de jamón ahumado, tocineta, uvas pasas y aceitunas rellenas de pimentón; pues esa minoría de la que hablo, se atreven a sacarle las uvas pasas y las aceitunas, dejando al pan desnudo cargando con la vergüenza de parecer un cachito de jamón gigante. Aunque vale decir que originalmente, por allá a inicios del siglo XX, el pan solo estaba relleno de jamón, aromatizado con especias dulces, vino y piña. Fue con el pasar del tiempo que la receta fue versionada hasta convertirse en el pan de jamón que hoy en día engalana nuestras festividades navideñas.
Por fortuna, mi pan no tenía complejo ni de cachitos ni de pizza haiwana, estaba acorde a la receta actual, como decimos en criollo: full con todo. Si me preguntan con que se debe acompañar esta delicia, la respuesta es clara, pan de jamón es con una Coca-Cola helada y burbujeante. No puedo imaginar otra combinación, me disculpan los amantes de la Pepsi.
De esta manera, el fin de semana dimos oficialmente la bienvenida a la navidad en este hogar, aunque la casa aún no esté decorada, ni fue en mi cocina donde se horneó semejante exquisitez. La verdad es que lo compré en una panadería cercana por apenas $8, que me pareció un precio súper razonable considerando el trabajo que me ahorré de tener que amasar xD
Este próximo fin de semana, aspiro pasar al siguiente nivel, es decir, comerme las primeras hallacas pre-decembrinas. Mientras tanto, ya tengo en la nevera un ponche de crema recién preparado. Por cierto, no les había hablado del ponche crema, pero es nuestra bebida alcohólica por excelencia en navidad, aunque para serles honesta no es mi bebida favorita, porque no soy muy amiga de las bebidas dulces…pero bueno, todo sea por honrar las tradiciones.
Y tú, ¿ya comenzaste a entrenar para la comelona navideña?
Todas las fotografías de esta publicación son de mi autoría y propiedad, captadas con un iPhone 12 Pro Max.