El petricor que evoca mi pasi贸n
Gotas de lluvia en una tarde de verano,
golpeaban con fuerza nuestro chalet.
Mis padres salieron del coche,
con el chofer y sombrillas en mano,
mientras mis ojos se enfocaron,
en esa camisa mojada como una segunda piel,
revelando los detalles de sus m煤sculos,
mientras trabajaba en el jard铆n.
Te recuerdo de a帽os atr谩s,
cuando ayudabas a tu pap谩 en su empleo,
y de la rosa que dejaste en mi ventana.
Mi beca en otro pa铆s roba mi tiempo,
pero aprovech茅 un fin de semana largo,
para visitar a mi familia.
No soy esa muchacha introvertida,
que jugaba al b谩dminton contigo,
ni eres el chico escu谩lido que me hac铆a re铆r.
Esper茅 ese momento a solas,
para estrechar mi mano con la tuya.
Dibujaste la pena en tu rostro,
al ver el barro en tus u帽as.
Me invitaste a ver el invernadero,
ese lugar relajante que siempre me gust贸.
Mi madre me llamaba ante mi demora,
y le exclam茅 que ir铆a despu茅s.
Lo felicit茅 por su dedicaci贸n,
al ver la belleza de las plantas.
Me mir贸 de arriba abajo,
sin emitir palabra alguna,
como la serpiente que espera,
el momento justo para atacar.
Me llegaba la excitaci贸n del instante,
mis ojos dejaron de ver flores,
se tornaron brillosos y enrojecidos,
revelando mi pasi贸n.
Acarici贸 con ternura mi cara,
dej谩ndome como paloma tierna,
indefensa y abierta a su antojo,
y llena de fuego como la lava,
que desciende y arrasa desde un volc谩n.
Con posesi贸n giro mi cuerpo,
para inundar mi cuello con sus besos.
Sus manos me acariciaban con vehemencia,
y sent铆a la dureza de su erecci贸n,
sobando en mi trasero,
mientras mis piernas,
se abr铆an como un comp谩s.
Respiraciones agitadas,
cortaban el aire,
rompiendo toda quietud.
Sus dedos explorando cada rinc贸n,
hicieron explotar mis palabras,
y le ped铆 que me hiciera suya.
Carg贸 mi cuerpo como una pluma,
sent谩ndose en el banco m谩s cercano.
Subi贸 mi vestido y apart贸 mi braga de seda,
penetr谩ndome hasta el fondo,
como una broca perforando la madera.
Los gemidos desenfrenados,
era nuestra mejor m煤sica.
Sent铆a que me llenaba toda,
sus brazos balanceaban mis caderas,
hasta que no pudimos aguantar,
ese mutuo y extendido orgasmo,
que nos llev贸 al 茅xtasis.
Quedamos relajados tras tanto goce.
El aroma fresco de la lluvia con la tierra,
fue nuestra mejor fragancia,
y las verduras junto a las flores,
los testigos de nuestro frenes铆 carnal.
No quer铆amos apartar nuestras caras,
pero la magia del momento llegaba a su fin.
Con el paso de los meses,
segu铆a con mi rutina acad茅mica,
lejos de mi pa铆s y mi hogar.
Cada acci贸n en la vida,
deja ciertos resultados,
y cada vez que estoy a solas,
y la lluvia gravita en el suelo,
besando un espacio de tierra,
hace que el petricor que percibo,
logre evocar la pasi贸n,
de ese lindo recuerdo.
Fuente: Pexels . Autor: Pixabay
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Texto por Andr茅s Brunet
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