¡Hola de nuevo, amigos de la comunidad!
Después de unos días de ausencia debido a las dificultades con la electricidad y la conexión que a veces nos toca enfrentar, por fin puedo sentarme a compartir con ustedes la segunda entrega de mi poemario "Bajo Tu Manto". Qué oportuno se siente volver precisamente con este tema, porque la vida nos pone tormentas de todo tipo, pero la fe nos sostiene.
Como les conté en la primera publicación, este libro nació de un mandato divino en agosto de 2025. Hoy quiero dejarles la segunda sección, titulada "Tu voz calma la tempestad". Son versos nacidos en el Alfarero, en esos momentos donde las fuerzas humanas no alcanzan y entendemos que basta una sola palabra del Creador para que todo cambie.
Espero que estos poemas sean ese susurro de calma que tu corazón necesita hoy.
SECCIÓN II: TU VOZ CALMA LA TEMPESTAD
9. BASTA UNA PALABRA
No necesitas, Dios mío,
ejércitos de ángeles
fuego del cielo.
Basta una palabra tuya.
La fiebre huye,
el cáncer huye,
la muerte huye.
Basta una sílaba
de tu aliento creador
para que lo que no era,
sea.
10. EL ALFARERO
Tomaste el barro de mi derrota,
la arcilla gris de mis fracasos.
Tus dedos sabios
presionaron con paciencia
la grieta de mi alma.
Hoy, no soy un jarrón perfecto,
pero sí contenedor
de Tu agua viva.
Eres el Alfarero,
yo, el cántico de barro
que lleva Tu esperanza.
11. DIOS DE LO IMPOSIBLE
Lo imposible
es Tu territorio,
Tu lugar favorito
para plantar un jardín.
Donde la ciencia dice "no",
Tú escribes "hecho".
Donde la lógica se rompe,
Tú tejes un milagro.
Dios de lo imposible,
que mi mente
no ponga límites
a Tu poder de crear.
12. TÚ MANDAS A LA TORMENTA
La tormenta ruge
con furia de león.
Cree que es dueña
del cielo y del mar.
Pero tú levantas
una mano serena.
Un susurro:
"Cálmate".
Y el león
se convierte
en un cordero
a tus pies.
13. FE QUE MUEVE MONTAÑAS
No es fe en la fe,
eso es un espejismo.
Es fe en Ti,
eso es un cimiento.
La montaña
no se mueve
por mi fuerza de voluntad,
sino porque Tú,
desde antes de la fundación del mundo,
decidiste
que era hora
de que se mudara.
14. CIMIENTOS EN LA ROCA
No construí
sobre arenas movedizas
de emociones o lógica.
Cavé hondo,
hasta encontrar
la Roca de los siglos.
Ahora,
aunque vengan vientos,
aunque se alcen ríos
y golpeen mi casa,
solo tiemblan
—y se desgastan—
ellos.
Mi cimiento
es un susurro eterno:
“En Mí, estáis seguros”.
15. TU BRAZO FUERTE
No es un brazo de hueso,
es un brazo de viento huracanado
que parte el mar en dos.
Es el mismo brazo
que derribó murallas en Jericó
y que hoy
derriba fortalezas en mi mente.
Tu brazo fuerte
es mi justicia,
mi defensa,
mi dulce y poderoso
libertador.
Gracias de corazón por detenerse a leer, por sus comentarios y por el apoyo que brindan a la literatura que brota desde el alma. En el próximo volumen nos refugiaremos en la alabanza y la gratitud con la sección "Canto en el abrigo".
Idalidia Zaragoza Ávila
Escritora y Sierva de Dios.
Mi IIglesia.