Mujer
Ella no sabía que la estaban fotografiando. Estaba allí, bajo la sombra generosa de los flamboyanes, con el vestido blanco ondeando como bandera de paz propia. Los árboles susurraban secretos al viento, y ella, con los ojos cerrados, respiraba ese aroma a tierra mojada y fruta madura que solo traen las brisas de octubre.
—¿En qué piensas? —le pregunté, aunque ya lo adivinaba.
—En que el aire sabe a canela —dijo, sonriendo—. Como el dulce que hacía mi abuela.
Una hoja roja se posó en su hombro. La atrapé antes de que cayera al suelo, y al rozar su piel, entendí por qué los poetas comparan la felicidad con cosas efímeras: un soplo, un instante, la luz filtrándose entre las ramas.
"Así somos", pensé. Momentos atrapados entre árboles y memorias.😍