Hace algunas semanas me propusieron un reto, más bien laboral. Como ya antes le había compartido trabajo en una editorial donde mi trabajo consiste sucintamente en hacer las correcciones sobre las correcciones de otros editores más experimentados, vamos a coger los detallitos. Aunque realmente mi puesto se me hace bastante cómodo y a veces realizo el trabajo de "diseñador", no es que sé bueno en ello, es que simplemente los demás son peores, en eso.
Básicamente, debía agregar algunas tipografías a imágenes que ya tenía de antemano y listo. Pero esta vez el reto fue distinto. La portada para un libro nunca es poca cosa; intentar expresar la idea principal de un libro (y más cuando es de corte científico) y tiene muchos años de investigación por detrás siempre es un reto. Lo primero que pensé fue tomar el camino fácil. Como era un libro de historia, me sería fácil encontrar una imagen histórica en Google, elegir un color de cubierta y unas tipografías que combinaban y, ya, trabajo hecho. Claramente, cosa que no resultó, la autora (por demás una gran investigadora) identificó al instante la representación artística que había usado, incluso dando detalles sobre ella de los que yo claramente no tenía ni idea.
La primera portada que "hice":
Luego de este intento fallido, le pedí a la autora datos que desconocida y bueno, luego de una larga charla (muy entretenida, por cierto) ya tenía elementos para crear. Así pasé horas entre prueba y error intentando generar algo que se aproximara a su idea, al fenómeno histórico y a mi propia visión, todo realmente un lío. Así llegué a dos imágenes que me funcionaban bastante. Pero si les soy sincero, ya estaba bastante inseguro de que cada mente es un mundo y definitivamente no deseaba pasar otra semana entre sueños de la época colonial, que más que disfrutarlos no me permitan descansar en paz. Así que tome una vieja estrategia que cualquier creativo aplica: el contraste. De mis dos propuestas pulí lo más posible, la que más seguridad me daba, la que yo creía podía ser el acierto final. Y con la otra tomé un camino completamente opuesto a mi visión: las volví a dos mundos distintos, así solo podían pasar dos cosas. Que la mejor pulida destacará en demasía sobre la otra y fuera fácilmente elegible por descarte o que la visión de la tutora fuera tan contraria a la mía que resultará eligiendo la segunda sin lugar a dudas.
La segunda portada opuesta a mi visión:
Cuando por fin pudimos concertar la cita, fue amor a primera vista. La autora se enamoró de la portada más pulida. La estrategia que había funcionado a fin de cuentas era la visión que mejor se encajaba a lo que habíamos soñado hasta ese momento. Realmente no hay ningún trabajo fácil, pero este me hizo darme cuenta en demasía de los retos de diseñar sin saber de diseño.
Versión final: