¡Haber encontrado #Hive ha sido de las mejores experiencias! Conocer nuevos amigos es un premio de la vida, de corazón lo escribo. Hoy quiero comentarte sobre una experiencia que me encaminó en mi vida profesional. Ya han pasado 6 años, pero recuerdo cada paso. En el 2015 me gradué “con honores”, como decimos en Cuba, de una carrera universitaria. Tuve una vida de estudiante llena de sacrificios.
Muchas veces pensé abandonar mi carrera para poder trabajar y ayudar en mi casa. Suerte que tenemos madres que aunque uno crezca, están dispuestas a coger la “chancleta”, como decimos los cubanos a la “chancla”. Ciertamente, mi madre me indicó en cada momento difícil que aunque tuviera dos calzoncillos, tenía que terminar de estudiar. Por eso estoy muy orgulloso de ella.
En gesto de gratitud, me consagré al estudio, como regalo a mi mamá. Tanto fue así que en los 40 años de historia de la carrera “Licenciatura en Educación Español-Literatura”, logré graduarme como el primer estudiante en ostentar el Premio al Mérito Científico, como resultado a la profusa labor investigativa y académica. Tener este lauro me permitía ingresar rápido a una maestría sin haber tenido que demostrar tres años de experiencia como graduado.
Y así fue, presenté mis papeles, pasé por varios procesos burocráticos hasta que formé parte de la X Edición de la Maestría en Ciencias de la Educación. Este posgrado lo recibía cada viernes, a la par que me desempeñaba como profesor de Español-Literatura en el IPVCE “Federico Engels”, como ya he comentado en Hive.
Tengo que confesarte que fue un gran reto. El día que la escuela me liberaba para asistir a la maestría era, precisamente, el día de posguardia. Te explico: el maestro cubano que trabaja en escuelas donde duermen los estudiantes (centros internos), debe hacer guardia, o lo que es lo mismo, garantizar que el proceso nocturno de los estudiantes no tenga dificultad, como el aseo, la cena, el estudio y el sueño. Son 24 horas de intenso trabajo y al otro día, mientras mis compañeros iban a descansar, yo llegaba a mi casa, me bañaba, bebía una taza de café y para la maestría.
Confieso que algunas conferencias de Metodología, Sociología, Filosofía, hacían que “cayera en los brazos de Morfeo” (Dios del sueño, según la mitología griega). Ya los profes sabían que yo venía de mi guardia. Te juro que yo tenía los ojos abiertos y no sé en qué momento perdía la noción de todo y me despertaba ante el tono elevado de la voz del profesor o algún ruido provocado. ¡Era duro esto! ¿Te ha pasado? Así fueron transcurriendo las clases hasta que llegó el momento de ponerle “idea a la tesis”.
Yo deseaba seguir mis investigaciones de pregrado relacionadas con la ortografía, pero el centro de estudios no tenía Doctores en Ciencias del ámbito lingüístico, por lo que me vi reorientado a la Filosofía, específicamente al campo de la educación estética. Investigar sobre el tema al principio me parecía tedioso, no me gustaba, hasta que poco a poco, y tras escuchar mucho a mi tutora (a quien llamo “mi madre en la ciencia”), pude ir transformando en “perla” aquella “piedra filosofal” impuesta.
¡Y llegaron los talleres de tesis!, donde cada estudiante debía exponer los avances de su investigación. Era traumático cada taller, pues había que pasar al frente, mirar un tribunal de 11 profesores de reconocido prestigio académico, Doctores en Ciencias, escuchando tu exposición para luego, uno por uno, decirte todo lo que tienes mal. A ello sumarle los 30 estudiantes del grupo, quienes recibían puntos por señalarte problemas.
Era muy similar, como dijera una amiga mía, al tribunal de la “santa inquisición”. Mis amigos decían que eso era para hacernos “tierra”, y tomaban calmantes, té de tilo, etcétera. Yo, que soy muy raro y lo reconozco, disfrutaba aquello. Yo sabía lo que venía detrás, pero mezclaba al locutor con el profesor, me expresaba correctamente, atendía lo estético en mi vestuario, y poco a poco me fui haciéndome de un “nombre” (me río al escribir esto).
A nivel grupal nos preparábamos para estos talleres y por lo general, como gesto de cortesía, siempre debíamos alistar una especie de “coffee break” para el tribunal. Así fuimos pasando por cada etapa hasta que llegó el día de la defensa. Agradecí en mi tesis de manera especial a mi madre, a mi esposa , que siempre es mi fiel compañera en la vida y lo profesional, a la familia, los compañeros y amigos.
Por mi desempeño en aquella maestría fui reconocido en el acto de graduación como su estudiante más integral. Por ahí guardo aún el diploma de este reconocimiento. Como ves en las fotos, era más joven, casi un muchacho egresado de la Universidad. Yo pensé que todo acabaría ahí, pero luego vino más y será motivo para otro post. ¿Has cursado alguna maestría? ¿Te gustaría tener una experiencia? Si aciertas, cuenta con mi apoyo. ¡Feliz día! ¡Agradezco mucho tu lectura!
Las imágenes utilizadas en la publicación fueron tomadas con mi móvil Samsung Galaxy J7 Prime. Textos llevados al Inglés por Deepl Traslate.