Buenas tardes, me complace poder volver a compartir con ustedes algo de mi experiencia sobre un sentimiento que afecta mucho, y que me ha vendió afectando sobretodo en mi vejez, este sentimiento que a veces, me hace dejar de tener ganas de hacer cualquier cosa y que me ha causado mucho daño los últimos años, la tristeza.
Siempre he tenido una personalidad muy alegre y extrovertida, antes de la pandemia me gustaba organizar fiestas pequeñas para dar tiempos entre buenos amigos, riendo y disfrutando de la buena compañía, pero el tiempo, la edad y en parte la pandemia, me hizo con el confinamiento me hizo sentir mucha tristeza. El tiempo que pasaba en casa, me permitía pensar en todo eso que ya no podía hacer y me llenaba de tristeza.
Recordaba llena de nostalgia los buenos momentos de la juventud, cuando las piernas no dolían, y podía hacer largos viajes a pie con amigos muy queridos, viajes que mis piernas cansadas ya no pueden hacer, el duro trabajo que hice hace unos años, comenzaron a verse reflejados en mi cuerpo, y no permiten disfrutar de las cosas que antes disfrutaba tanto, la vejez viene acompañado de un duro sentimiento de inutilidad, precisamente por no tener la fuerza y energía para hacer las cosas.
El tiempo trae consigo muchas cosas, sobretodo los recuerdos de lo que ya no somos y lo que ya no podemos hacer, pero esto es especialmente duro cuando eso que hacíamos, era realmentente importante y valioso para nosotros. Cuando lo perdemos, esa alegría que nos producía hacerlo, naturalmente se convierte en tristeza por volverse algo imposible para nosotros, solo nos queda el recuerdo que si no lo controlamos nos causa mucho dolor.
Hace poco leí sobre el tema, y entendí un poco a cómo sentirme mejor cuando esto me pasa. Aprendí que esas cosas que solía hacer y que tanto amo, siguen siendo parte de mi, de lo que soy, si fue algo que ayudó a otras personas, entonces puedo sentirme contenta con ello, y recordarlo siempre como lo bueno que fue, sin permitir que la tristeza lo empañe, pero en caso de que no pueda evitarlo, siempre puedo cambiar mi mente pensando en otras cosas.
Me gusta centrarme en los buenos resultados que trajeron mis acciones en el pasado, y que serán recordadas siempre por alguien que es sumamente importante para mí, Mi amoroso Dios, cuando pienso en que lo que hice esta en esa mente y no se olvidará, me siento muy reconfortado. Mientras tanto, mantengo lo más que puedo, mis pensamientos en las cosas que puedo hacer ahora, y las hago de la mejor manera que puedo, eso me hace sentir que estoy dando todo lo que puedo.
La tristeza es inevitable a veces, pero podemos controlarla si controlamos nuestros pensamientos, pasar mucho tiempo pensando en lo que ahora nos es imposible de hacer, aunque queramos hacerlo, es algo que nos hace sentir muy tristes y que también nos puede hacer dejar de ver esas cosas que si podemos hacer y que son también muy importantes y válidas.
Siguen habiendo días en los que la tristeza llega sin avisarme, pero aprendí que es muy normal, y que solo debo trabajar para que esta tristeza, no me haga desistir de lo que quiero lograr, aun con mi edad tengo metas que deseo cumplir y esas metas son para mi un muy buen motivo para seguirme esforzando, mirando más allá de lo que no puedo hacer, por eso dedico todo el tiempo que puede a ayudar a otros, enseñarles lo que he aprendido que me ha ayudado mucho, y esto mantiene mi mente ocupada, y me hace sentir muy contenta.
Sé que van a llegar días en los que la tristeza volverá, pero aprendí que está tristeza ya no puede desanimarme al punto de no poder hacer otras cosas, sé que puedo levantarme después de tener un mal día, puedo levantarme y hacer lo mejor posible lo que si puedo hacer. Cuento con el apoyo de mis familiares y amigos, que aunque ya no camino largas horas con ellos a lugares bonitos, se sientan conmigo a acompañarme, mientras hago lo que puedo, y ¡que alegría la que me causan!
En conclusión, cuando somos mayores, podemos sentir que hay muchas cosas que no podemos hacer, pero es más saludable que nos centremos en lo que sí, para no desanimarnos, hacer lo mejor que podamos y aceptar que otros nos acompañen a hacerlo. No permitamos que nuestra mente nos haga quedarnos acostados pensando y pensando, sino hagamos lo que podamos y recordemos con alegría aquello que pudimos hacer antes.