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Herido por una traición él decidió poner distancia; puso tierra y husos horarios y decidió visitar a aquella mujer morena de cabellos negros y rizados para despejar su mente e intentar olvidarla.
Cuando llegó junta a ella decidieron juntos explorar aquella tierra de grandes, majestuosa e increíbles ciudades y monumentos, una ciudad sobre poblada pero extrañamente visitada.
Les gustaba sentarse en lo más algo de los edificios y las montañas a ver morir el día y ver nacer las noches.
Noches en las cuales intentaban bailar y olvidar, noches en la cuales él tomaba bebidas mágicas, pociones que lo hacían olvidar.
Ella bebía agua de vida para para estar alerta y no perderlo de vista en la multitud y así siempre estar a su lado.
En las noches estaban juntos, él intentaba olvidar ahogándose en besos y lujuria en aquella chica que visitaba.
Pero no podía, había algo que ambas mujeres tenían en común, algo mágico que une a dos personas, pudiera decirse que es coincidencia o algo celestial y personal.
Una en la lengua de Cervantes y la otra en la lengua de Shakespeare; un nombre que él intentaba olvidar, pero no podía.
¿Pero como iba a olvidar si se refugió en la mujer morena de cabellos negros y rizados que compartía el mismo nombre con la mujer de ojos azules y cabello de ángel?
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Pero la busco, fue el único lugar donde encontró refugio.
Pues ella era la única que lo entendía , la única con la cual podría hablar de su vida; de su pasado, la única que entendía lo que él había vivido, pues de cierta manera sus vidas eran las mismas, sus historias eran iguales, ella entendía todo lo que él le decía, compartía su dolor, las alegrías que él sentía, que él vivía.
Por eso la buscó, por eso se refugió en ella para olvidar a la otra, por eso la busca, por eso intenta amarla, por eso esta con ella.
En las noches cuando las fiestas terminaban y el sol comenzaba a nacer, iban juntos a aquel lugar que falsamente llamaban hogar.
Hablaban intentando distraerse de lo que más deseaban, pasar horas interminables en la cama.
Horas en las cuales, sus mentes se apagaban y su deseo florecia, estaban juntos, no necesitaban hablarse, nunca lo hicieron, nunca lo necesitaron.
Desde aquella noche, que pasaron la primera vez juntos, desde que sus labios se tocaron. Supieron que, eran perfectos amantes, no necesitaban susurrarse palabras, no necesitaban darse instrucciones.
Sus cuerpos se conocían de alguna manera, sabían que le gustaba el otro, sabía que deseaban, todos esos momentos eran perfectos, llenos de lujuria y de placer, de besos interminables, de caricias pequeñas y profundas, de risas, de mordiscos, de solo placer.
Ella sabía que le gustaba a él, y él sabía como reaccionar a todos sus movimientos, sabía que le gustaba a ella, sabía que anhelaba, sabia como amarla, fingía que la amaba.
Pero solamente la deseaba, deseaba sus labios, sus pechos, deseaba su sexo. Deseaba unirse a ella, ser parte de ella.
Ella lo dejaba, dejaba que jugara con ella. Que falsamente la amara.
Que sus cuerpos se conectaran, y una luz intensa se desprendía de ellos, luz de energía, de pasión de lujuria, una luz que fingía amor.
Juntos pasaban horas interminables en esa cama, olvidaban que eran humanos; que debían comer, beber agua, distraían sus mente en conversaciones del pasado y hablaban de su futuro, pero jamas hablaban de su presente.
No querían delatar el hecho de que eran infelices, pero deseaban estar juntos. obviaban el hecho de que deseaban amarse, que anhelaban a alguien que los entendiera.
Ella fingían que no le dolía saber que él estaba con otra, y él pretendía olvidar el hecho de que ella estaba sola.
Esos días estuvieron juntos, se tomaron fotos, se hicieron vídeos, comieron, bailaron, disfrutaron, eran inseparables.
Como dos amantes que viajan luego que se hacen una promesa frente a un altar y se juran amor eterno.
Durante 13 días y 13 noches solo fueron ellos, se quitaron las mascaras, bajaron las guardias y fueron sinceros.
Una noche, donde los dos solo bebían agua y comían, decidieron dejar salir sus emociones, y mientras agua salada brotaba de sus ojos, sus corazones se abrían y se confesaban sus más sinceros deseos, él le confesaba que deseaba con todas sus fuerzas amarla, tenerla cerca y nunca dejarla, explorar el mundo a su lado, llevarla de la mano.
Ella confesaba que lo amaba, que a pesar de la distancia y las pocas horas que duró su primer encuentro, su alma le decía que él era el indicado. Que lo amaba, que desea amarlo hasta su último respiro.
Pero la vida los separaba una y otra vez, personas, trabajos, y tierras los alejaban.
Los ponían en lugares opuestos del planeta.
Nunca sabían cómo comunicarse por artefactos falsos que ayudan a los humanos a conectarse, pasaban horas hablando cuando estaban juntos, cuando podían ver sus expresiones, cuando podían tocar sus pieles, cuando podían escuchar de cerca el sonido de sus voces, la textura de su alma, el color de su voz.
Les encaban dormir juntos, cerca, abrazados, desnudos. El amaba el olor de su cabello. Ella amaba el calor de su cuerpo, amaba despertarse y verlo.
Mientras él dormía, ella contaba sus pecas, esas que tenía en todo su pecho. Le encantaba contarlas una y otra vez, perder la cuenta y empezar de nuevo.
Él jugaba con su cabello mientras ella dormía, pasaba sus dedo entre su cabello rizado. y ella soñaba que él era eterno.
Durante 13 días y 13 noches fueron perfectos, era complicado decirse adiós.
Era difícil dejarse de ver así que decidieron no hacerlo, frente a la puerta de inmigración de aquel aeropuerto, de aquella ciudad, donde ninguno de los dos era residente, se despidieron.
Él tomo un vuelo a aquel reino donde debía volver y continuar con su vida, debía ponerse su armadura de caballero, y seguir peleando, seguir en aquella batalla y olvidar a aquella dama que atravesó su armadura y lo dejo indefenso.
Ella volvió a aquella pequeña ciudad, a aquel bosque encantado donde era la flor más extraña de todo el huerto.
Decidieron hacer sus encuentros un evento anual, prometieron verse después de 12 lunas llenas, en la misma ciudad para darse un beso eterno.
Durante 13 días y 13 noches ser maestros del deseo.
Durante 13 días y 13 noches, quererse, desearse, agotarse.
Durante 13 días y 13 noches decidieron pactaron ser perfectos.
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