Decía mi abuela, que a veces cuando algo se vuelve tan cotidiano perdemos de vista su magia porque con el pasar de los días nos acostumbramos a ella y la costumbre opaca por completo las cosas maravillosas.
Pensando en esta frase... ¿Qué mejor ejemplo que el fuego? Es algo que cada día usamos sin falta, desde una acción tan simple como prender un fósforo hasta algo tan hermoso como celebrar un cumpleaños.
Y es que en los cumpleaños puede faltar hasta la torta, pero nunca una vela encendida con la llamarada lista para ser apagada de cualquier forma que el cumpleañero quiera.
Es algo tan conmovedor cuando en nuestro cumpleaños encienden una vela, que sin lugar a dudas las lágrimas se asoman algunas veces. Ya sea por tristeza de extrañar a los ausentes, o alegría de poder disfrutar con quienes están presentes hasta en la distancia.
Por eso para este concurso, quise compartirles esta fotografía tomada por mi, en día tan importante como mi cumpleaños. Sobretodo porque, las personas que me acompañaron ese día, hicieron hasta lo imposible por poder regalarme mis dulces favoritos.
Pero lo más significativo para mi, fue que quien encendió la vela, fue mi mamá. Y es que muchas veces nuestras madres son esa luz en nuestra vida capaz de alumbrar hasta la oscuridad más imponente que pudiéramos atravesar en cualquier momento.
Y a ti que me lees ¿Que llama hay encendida dentro de ti aunque a veces olvides, que la haya encendido alguien significativo en tu vida?
Cuéntame en los comentarios, te leeré atentamente.
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