What does it mean to be a teenager? Some might say it's when you're not fully aware of your actions. Yes, it sounds like a joke or a play on words: a teenager is someone who lacks awareness.
This comes in reference to the guidelines for these 34 Silverbloggers chronicles. And I confess it put me in a bind, since I consider myself a fairly calm person from a very young age. In fact, back then, I thought I was an old person trapped in a child's body. You know, an old soul who enjoyed the company of older adults. What a euphemism for the elderly!
Recently, a BBC London article claimed that adolescence ends at 32, according to the findings of a Cambridgee University study. So, on this occasion, I'll disregard the deeply ingrained belief, validated by the WHO, that adolescence falls between the end of puberty (13 years old) and supposed adulthood (19), a definition perhaps established by the legal system for social and economic purposes.
Perhaps one of my teenage follies was riding a bicycle the wrong way down a main road at night without a headlight. And you might ask, what's so extraordinary about that? Well, at seventeen, in my first lesson of bike, I dared to pedal about six kilometers to visit a girl I was attracted to. Yes, o,ne of those early crushes that never went beyond friendship.
I don't rememberexactly if I asked my parents to buy me a bicycle, but I do ,know they never considered it, deeming it too risky. So, you might ask: how di you do it? Secretly, using my cousin Wilmer's bicycle, who lived two houses down from ours.
Shortly after, my father taught me to drive his car. He told me then, "Javier, you have to drive as if everyone else were crazy." What wise words I'll never forget! On occasion, that advice has saved me from absurd collisions, like the time a car came speeding down the wrong lane (it was against traffic) from an overpass to cross a busy highway. It nearly hit us (my daughter was with me) and could have caused a tragedy. The poor thing ended up smashed against the outer barrier. It was a miracle that no one else collided with it either.
I experienced another supposed act of madness when I was 23. You can see why I mentioned the study reported by the BBC. I had graduated one the military academy and was assigned as head of external security at a juvenile detention center. On an ordinary day, like today, a ri broke out among the inmates; they took some guards hostage and demanded to ddideak with the warden. Shouts, fire, and smoke, plus the refusal of the judicial leader. Given the situation, I went in alone and unarmed to mediate with the rioters, ignoring the advice of one of the sergeants, who feared they would kidnap me too. Now that I think about it, yes, of course it was madness!
I give thanks to divine providence, certain that it was so, that my words had an effect, and the rioters calmed down. How did I do it? I listened to their demands and promised to be an intermediary. I didn't lie to them. The following month, despite my youth and low rank, I was able to meet with prosecutors and the judge, who wanted to question me about it. I spoke to them about the injustices of the system, at least the one I saw there, in a remote corner of the nation's capital. Most agreed with me, but almost 37 years later, nothing has changed. On the contrary, it has worsened and degenerated vilely.
I hope you enjoyed these chronicles, and that beyond being entertaining, they will serve as a reference for future readers.
Writing by in Spanish and translated to English using https://translate.google.com
The thumbnail was created from image by turguthatipa on Pixabay
The photograph is my property.
Thanks for reading this for me. I hope you like my writing. I would love to hear your comments and learn from your feedback.
Tired...! Are you no longer satisfied with traditional social media?
Then I invite you to get to know Hive by clicking here.
Join our global community, where uncensored freedom is our north.
¿Qué es ser adolescente? Alguien diría que es cuando no se tiene conciencia plena de los actos. Sí, parece una broma o un juego de palabras: adolescente es quien adolece de conciencia.
Esto viene a referencia de las indicaciones para estas, las 34, de las crónicas de los Silverbloggers. Y confieso que me puso en aprietos, puesto que me considero una persona que desde muy niño era bastante tranquila. De hecho, yo pensaba, en aquella época, que era una persona mayor atrapada en un cuerpo de niño. Ya sabéis, un alma vieja, quien disfrutaba de la compañía de adultos mayores. ¡Qué eufemismo para expresarse de los ancianos!
Hace poco, un artículo de la BBC de Londres afirmó que la adolescencia acaba a los 32 años según los hallazgos de un estudio de la Universidad de Cambridge. Así que, en esta ocasión, desoiré la creencia arraigada y convalidada por la OMS sobre el lapso de la adolescencia que está entre el final de la pubertad (13 años) y la supuesta adultez (19), quizás convenida por el establecimiento legal para los fines sociales y económicos.
Quizás una de mis locuras adolescentes haya sido manejar una bicicleta en sentido contrario por una avenida intercomunal durante la noche y sin faro. Y me dirás, ¿qué tiene eso de extraordinario? Bueno, con diecisiete años, en la primera clase y montada, me atreví a pedalear unos seis kilómetros para cotejear a una muchacha que me atraía. Sí, uno de los enamoramientos tempranos, que no pasó más allá de una amistad.
No recuerdo bien si les pedí a mis padres que me compraran una bicicleta, pero sí que ellos jamás contemplaron esa posibilidad por considerarla muy riesgosa. Entonces, me preguntarás: ¿cómo lo hiciste? A escondidas con la bicicleta de mi primo Wilmer, quien vivía a dos casas de la nuestra.
Al poco tiempo, mi padre me enseñó a conducir su vehículo. Me dijo entonces: Javier, debes manejar como si los demás conductores fuesen locos. ¡Qué sabias palabras que nunca olvido! En ocasiones, esa recomendación me ha librado de colisiones absurdas, como la vez en que, desde el carril de un elevado, un vehículo bajó a alta velocidad en sentido contrario (prohibido) para cruzar una concurrida autopista. Por poco nos impacta (venía con mi hija) y causa una tragedia. El pobre terminó estrellado contra la balda exterior. Fue un milagro que otros tampoco colisionaran con él.
Otra supuesta locura la experimenté a los 23 años. Ya veis por qué les comenté sobre el estudio reseñado por la BBC. Me había graduado en la academia militar y había sido asignado como jefe de la seguridad externa de un internado judicial. En un día cualquiera, como hoy, estalló un motín de los reos; tomaron unos custodios de rehenes y exigieron hablar con el director del recinto penitenciario. Gritos, fuego y humo, más la negativa del jerarca judicial. En vista de la situación, entré solo y desarmado a mediar con los alzados, desoyendo los consejos de uno de los sargentos, quien temía que también me secuestraran. Pues, ahora que lo pienso, sí, ¡claro que era una locura!
Doy gracias a la divina providencia, seguro de que así fue, de que mis palabras surtieron efectos y los amotinados bajaron los ánimos. ¿Cómo lo hice? Yo escuché sus demandas y me comprometí a ser un intermediario. No los mentí. Al mes siguiente, a pesar de mi juventud y bajo rango, pude reunirme con fiscales y el juez, quien quería interpelarme al respecto. Yo les hablé de las injusticias del sistema, al menos el que yo veía allí, en un rincón alejado de la capital de la república. La mayoría me dio la razón, pero casi 37 años después, nada ha cambiado. Al contrario, ha empeorado y degenerado vilmente.
Espero que estas crónicas hayan sido del agrado y que más allá de divertir constituyan una referencia para quienes las lean en el futuro.
La miniatura se creó a partir la imagen de turguthatipa en Pixabay
La foto es de mi propiedad
Gracias por leerme. Espero que este escrito sea de su agrado. Me gustaría mucho leer sus comentarios al respecto para enriquecerme con sus críticas.
¡Cansado! ¿Ya no te satisfacen las redes sociales tradicionales?
Entonces, te invito a conocer Hive presionando aquí.
Únete a nuestra comunidad global, en donde la libertad sin censura en nuestro norte.