Un batir de alas en mis oidos delató la presencia de su madre, un colibrí esmeralda cubana ( riccordia ricordii) arriesgaba su propia vida interponiendo su diminuto cuerpo verde iridiscente entre yo y su más preciosa posesión, su nido con dos huevos. Tomé la fotografía y me alejé para no molestar a tan valiente protectora y futura madre.