****El amor no conoce de límites, solo de momentos****
Hay manos que, aunque cansadas por los años, nunca dejan de sostener la alegría de los más pequeños. No importa la silla de ruedas ni el paso del tiempo; cuando un nieto invita a jugar, el corazón vuelve a tener cinco años. Porque los abuelos son ese refugio donde la vida siempre se celebra, incluso en un juego de pelota en medio de la sala.