Todas las despedidas son tristes y esta no fue la excepción. Esta semana despedimos a mi suegra, la que me ayudó a entrar a mi actual trabajo y fue una excelente compañera de trabajo. Dedicó 35 años de su vida a la educación preescolar, los últimos 10 como coordinadora así que siempre fue una pieza clave para la institución.
Por problemas de salud tendrá que emigrar y tratarse en otro país junto a su hija, pero a nosotros nos deja un gran vacío. Mis hijas están muy afectadas porque su abuela las ayudaba por las tardes con las tareas y estaba presente en cada acto, en cada entrada en las mañanas porque era ella quien nos daba la bienvenida todos los días. Maestras, ambientalistas, administrativos y alumnos juntos les hicimos un hermoso homenaje dedicándole palabras, canciones y anécdotas de todos estos años juntos.
En estos últimos 3 años mi relación con ellas cambió, mejoró, se transformó, y ahora que no va a estar tan presente como antes me llena de tristeza, y me hace replantear mi estado de salud y los cuidados que no tengo. Le decimos hasta luego a una amiga, compañera y excelente profesional con la esperanza de que todo sea por su bien y nos volvamos a encontrar pronto, para que todo sea mejor que antes.