En el ocaso lejano murmura
La esperanza renuente de la miel aún fragante,
La brisa otoñal trae consigo
Las tonalidades opacas de la realidad ferviente.
Cuando el almíbar seductor de unos ojos sinceros,
Me invitaban a danzar en la abrumadora chispa de la química,
Y con el miedo en una mano,
Y el engranaje perfecto en la otra,
Si, me lancé al vacío.
Cuanta inocencia alberga aún un alma rota,
La incondicional debilidad temible de las féminas enamoradas,
De las que debo decir, soy, si soy.
Pues tras muchos traspiés,
La dama decide enlazarse al cordel fino,
Del cual pensé inexorable su confianza.
Y en este punto muerto,
Donde el tiempo se detiene intentando ordenar ideas,
Me encuentro muy lejos de entender y ser.
Estoy lejos de allá y de acá,
Buscando sin saber que.
En la isla prometida,
En paraíso que parece oasis,
Con pequeños espejismos inexplicables, implacables,
Que advierten algo,
Bien se qué...
Y quiero creer que estoy equivocada.
Preferiría ser la penumbra de un alma ansiosa,
Plenamente errada, que puede ser consolada y sanada.
Que tener la razón, nuevamente, amargamente.
No, no quiero tener razón.
Quiero la deliciosa equivocación.
Y que todo...sea diferente esta vez.
Quiero la paz que promete la honestidad.
Quiero...la locura del amor más real de la tierra.
Dame vida, todo lo que quiero dar.
Fotografía tomada y editada por