Novela original
Dos vidas llegaban a un mundo oscuro literalmente. Un mundo que ya no aportaba las alegrías, ni las dificultades de siempre. Las personas habían vuelto a vivir en cavernas, aunque no eran los primitivos del comienzo de la humanidad, o tal vez sí, porque la humanidad estaba comenzando otra vez.
Entre más profundo más oscuro era, más tóxico, más seguros estaban. Algunos animales, con su instinto de supervivencia, también se ocultaron junto con las personas antes de El Gran Destello.
Contaban los testigos de aquellos días a sus grupos, y así ha llegado hasta hoy, las historias vividas de aquel primer y único año antes del final. Tal vez los relatos estén ya un poco distorsionados, exagerados o por el contrario, suavizados para ocultar la realidad dura y cruel, pero en su esencia, contaban lo que realmente sucedió.
Eran gemelos, los primeros que se veían en aquel grupo, los llamaron Nain y Leban. La madre no llegó a conocerlos, era menuda y de hombros encogidos, enfermiza y con solo 20 años, su tos constante parecía la de una tuberculosa anciana, tal vez ya lo era. El parto fue difícil y su corazón no le permitió escuchar los primero sonidos de sus hijos, aquel llanto que todos reconocen como el inicio de una vida, solo quedaría en su mente momentos antes de que dejara de existir, la espera, la añoranza y el misterio de que sería de sus hijos.
La visión a principio fue difícil, a 80 metros bajo tierra, la oscuridad lo inunda todo, con los meses, y los años ya los ojos comenzaban a adaptarse a la oscuridad, y llegó el día en que eran tan efectivos como los de cualquier búho. Las personas que una vez vivieron en la superficie y llegaron a ver estos días, nunca hubieran imaginados, que el ser humano podría ver en la oscuridad. El cuerpo humano es fantástico, evoluciona y se adapta a cualquier lugar y circunstancias, habían escuchado esa frase muchas veces Nain y Leban, como hoy, el día en que cumplen los 7 años.
En la tradición, en el séptimo año de vida, deben probar en qué pueden ser útil al grupo. Las personas de este grupo en particular, viven como una sociedad, tienen derechos y deberes y sobre todo, funciones que realizar por el bien de todos. Así se constituyó un orden que les ha permitido sobrevivir, desde que el tatarabuelo de los gemelos, decidió abandonar el grupo anterior y buscar una nueva caverna donde vivir.
Fueron días difíciles y convulsos, de enfrentamientos verbales y físicos, hasta que la decisión de abandonar “El Aullido”, como llamaron las primeras personas a la caverna donde había nacido, fue la única solución para mantener la paz y la vida. Salieron a la superficie por primera vez en sus vidas, sus tres hijos y sus esposas, sus 4 nietos, 2 personas más que se les unieron y él. Cuando encontraron el nuevo hogar, al que llamarían “Ararat”, solo quedaban siete.
La ceremonia era la más importante de sus vidas, el destino de ellos y del grupo, dependía de que tan bueno fueran para algo. El Grupo había crecido, 33 eran sus miembros ahora. Las funciones de cada uno estaba definida, habían recolectores, doctores, cocineros, maestros y exploradores. Una estructura muy básica pero organizada. Todos tenían derechos a proponer y las decisiones eran aprobadas a través del voto. Un voto por persona, y en caso de empate, los miembros de más de experiencia y edad, tendrían un voto extra.
Nain era muy ágil, había probado que su visión era muy buena, incluso superior a la de los otros niños de su edad, y a la de muchos adultos. Su hermano, Leban, tenía una audición muy fina, podía escuchar el caer de una gota de agua a cientos de metros. Ambos eran esbelto con cabellos rubios y pies pequeños. Juntos conformaban un ser humano perfecto para sobrevivir en aquellas condiciones. Al argumentar sus habilidades y comportamiento, la votación fue unánime, deberían ser exploradores.
Tres años de entrenamiento después de la ceremonia, le tomo para comenzar a realizar la función que les fue encomendada. Los exploradores, eran del grupo, las personas más valoradas, de ellos depende la supervivencia de todos. Buscar cualquier indicio de vida, animales, plantas u objetos por las galerías sin explorar de la caverna, era el día a día de aquellos que habían sido elegidos. Algunos, salían y nunca más regresaban. Años después, esqueletos eran encontrados por otros exploradores.
Pero Nain y Leban, no pretendían explorar las galerías por siempre, su mirada estaba más arriba, en la superficie de la tierra, esa que nunca han visto y de la que les han contado desde que nacieron. Ahí donde sucedió “El Gran Destello” es donde está el futuro. No desesperaron y se prepararon para el momento de la ascensión por años y en silencio.
El gran destello, no vino de la mano del hombre…Continuará
Parte II: El año antes del final
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