La posibilidad de expresarnos en niveles que van más allá de emitir ciertos sonidos y en lenguajes mucho más complejos que el lenguaje corporal, es una de las cosas que más nos hacen humanos ya que nos destaca frente a las demás especies. El Arte es uno de esos lenguajes y una de las formas en las que podemos expresarnos muy ampliamente, a veces hasta con más claridad que las propias palabras porque nos atrevemos a plasmar cosas que jamás nos hemos atrevido a decir.
En este caso necesitaba gritar, tenía mucho tiempo queriendo sacar ese sonido mudo que estremecía mi alma y que necesitaba salir de mí. He elegido trabajar en blanco y negro porque así nos concentramos más en las texturas de la imagen e igualmente apliqué un filtro que le da un estilo de boceto a lápiz porque permite agregar a la imagen aún más líneas, lo cual me permite lograr un trabajo más expresivo y una imagen con más movimiento.
Y es que cuando gritas todo en tí se mueve, se estremece y hasta a veces se retuerce. Un grito es una expresión muy fuerte y cruda, a veces pidiendo ayuda y otras veces solo queriendo decirte a tí mismo "estoy harto". El caso es que tiene que salir y cuánto antes mejor, porque en varias ocasiones las consecuencias de llevar un grito por dentro son catastróficas.
En este caso mi obra resultó aún más expresiva y hasta personal porque a parte de retocar y haber dirigido la fotografía, también fuí el modelo. No es fácil buscar la mejor foto cuando estás adelante de la cámara, pero creo que he defendido bien (ya lo había hecho antes) y estoy muy satisfecho con el resultado.
Ahora, a continuación, les explico mi grito: siempre he visto mi vida como una serie de etapas que tengo que cumplir para avanzar y aprender cosas útiles, algunas de esas etapas terminan como un cielo abierto en un mar calmo; pero otras terminan como un brutal tormenta que se empeña en hundir un transatlántico.
El año pasado terminó drásticamente una de las etapas más complicadas que me tocó vivir, y dicha etapa finalizó con la fatídica muerte de mi mamá. Cómo se pueden imaginar eso me quebró en pedazos, ciertamente me volví a armar después o sino no seguiría aquí, pero habido todo un proceso que ha llevado en sí mucho sufrimiento pero también mucho aprendizaje.
Cuando falleció mi mamá primero hubo silencio, luego el ajetreo de los trámites para la disposición del cuerpo, luego silencio de nuevo y finalmente el largo de proceso de repasar una y otra vez lo sucedido, y formular cientos de teorías que intentaban explicar si se pudo haber evitado.
Durante ese último proceso puse muchos aspectos de mi vida en fila, pero no era una fila para clasificarlos, sino una fila para fusilarlos uno por uno; cambiaron mis creencias, mis actividades económicas, mis ideas, mi ideología, mi sentido de pertenencia y la forma en la que comencé a ver el mundo.
También cambió mi forma de administrarme y hasta de relacionarme con los demás; rompí amistades pero también hice nuevos amigos. En pocas palabras decidí remodelar brutalmente mi vida, pero para lograr esa remodelación tuve que destruir muchos tabiques que alguna vez fueron pilares fundamentales para definir quién soy.
Toda esa etapa que inició el año pasado y que desemboca hoy a finales de este año está expresada en esta única obra, en este grito silencioso pero fuerte, en este desahogo de mi alma que me recuerda que es cierto eso que tanto se ha dicho durante siglos: "no se puede hacer una tortilla sin romper algunos huevos".
Estoy orgulloso de quién soy hoy en día, estoy contento de haber dado nuevos pasos en la dirección correcta y estoy feliz de haber roto con todo lo que no me estaba funcionando. He tenido que ser muy sincero conmigo mismo, eso habido fundamental para mí en esta etapa de mi vida.
A veces hasta he sido muy duro con mi propio ser, pero ha valido la pena para lograr todo lo bueno que Gracias a Dios he logrado este año. Siento que este 2021 he avanzado mucho más que en los últimos 4 años, y todo lo difícil, lo malo, lo incómodo, lo que no me gusta y el dolor lo dejo en este grito que he convertido en una pieza más de mi Arte; en algo que sí tendrá trascendencia, en lugar de ser sólo un vulgar enojo.
Para finalizar, he aprendido que puedo convertir el dolor en armonía y que los gritos que no se oyen son que retumban más duro.
Fran Afonso,
Artista Fotográfico.