Existió una noche en que fui a tu encuentro, con la sombra de una luna que mostraba, risueña ella, sus misterios a los osados caminantes que deambulaban en un bosque cubierto de tierras oscuras.
Musgos que vibraron bajo mis pies, suplicaron atenuar el dolor de un corazón que ha llegado a conocer la veta que alimentaron a los amaneceres de vikingos, reyes de las tempestades de gélidos mares.
No tengas miedo, no aún.
La tristeza se irá al ser tocada por los lejanos aullidos de lobos hambrientos por vivir.
El invierno no puede azotar al arte que la musa obsequió a efímeros maestros, mientras su mortalidad late entre los alientos de sus almas.
No temas a la fatiga, el llegar de la claridad no tardará.
Colma tu copa de plata, en tanto fieros truenos anuncian acabar con la sequía que hostiga a los espectros que se despidieron de sus blancos huesos.
¿Problemas? Claro que sí, espera un poco más y déjate ayudar por el halo lunar; sí, aquel astro que acompañó nuestra soledad.