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Estos días han sido muy difíciles para la educación venezolana. Desde que comenzamos el año 2023 la crisis económica se ha agudizado tanto que los docentes no alcanzamos a cobrar ni $20 mensuales. Una realidad que afecta a todos los niveles educativos.
Han sido días de marchas, reuniones sindicales, paralización de actividades, amenazas del ejecutivo nacional, hostigamiento laboral…un ambiente de trabajo nada fácil de llevar y que, al parecer, continuará por un tiempo más.
En la universidad donde trabajo, por supuesto, ha sido más de lo mismo: quejas de los docentes -los pocos que quedamos y que aún damos clase- asambleas que van y vienen; pero no hemos paralizado del todo las actividades, aunque de alguna manera están paralizadas desde hace un buen tiempo por las precarias condiciones en las que trabajamos.
No te lo niego, a veces, mientras me arreglo para ir al trabajo, pienso que estoy perdiendo mi tiempo, regalando mi trabajo. Mi motivación decae en muchas ocasiones y cuando me dirijo a la universidad pasan por mi cabeza las tantas razones que tengo para renunciar.
Pero, cuando llego a la universidad pasa algo que va más allá de esta situación tan asfixiante. Algo que me sobrepasa y que me impide dar marcha atrás. Suenan las palabras más bonitas que pueda escuchar: ¡Buenos días profe! Y de pronto, frente a mí, la puerta del salón de clase, mi portal mágico.
Sí, porque cada vez que atravieso ese portal suceden cosas maravillosas cuando tengo delante a mis estudiantes. Cada conocimiento compartido, cada anécdota, cada ejemplo, cada una de sus preguntas, sus ocurrencias que nos hacen a todos reír. Una experiencia que por nada cambiaría.
Estar allí junto a ellos, verlos madurar profesionalmente, vivir con ellos la aventura de crecer en su día a día es sencillamente mágico. Esos 90 minutos de clase son para mí como un refrigerio y, aunque a veces comentamos las cosas que suceden en nuestro país, disfrutar junto a ellos del proceso de enseñanza y aprendizaje es una de las experiencias más bonitas que he podido vivir durante los últimos 20 años. Siempre se siente igual, y cada vez mejor
Cuando cruzo mi portal mágico no importa nada, solo ese momento de crecimiento. Porque sé que si, de alguna manera, logro que al menos uno de ellos aprenda a amar lo que hace y la profesión para la que se está formando, todo habrá valido la pena.
Es cierto que pasados los 90 minutos y cruzado de nuevo el portal éste desaparecerá por un tiempo y regresaré a mi dura realidad. Pero sé que pronto, mientras tenga salud y vida, volveré a cruzarlo y a vivir la magia de la educación.
Que estoy loca, me dicen. Que soy masoquista, me repiten. Que lo deje, me insisten. No puedo, no me hallo, no me encuentro, no me veo. Dejaría de ser aquello para lo cual he nacido y extrañaría muchísimo a mi portal mágico. O quizás él me extrañe a mí.
Ciertamente, llegará un momento en el que ya no pueda continuar mi labor, porque todo un buen día llega a su fin. Mi portal se cerrará y tocará cruzar otro portal que me llevará a un lugar mucho mejor. Lo cruzaré con la satisfacción de haber cumplido mi labor y la esperanza de haber ayudado a muchos a ser mejores personas. Ese es mi anhelo.
Por lo pronto, espérame mi portal, no te cierres aún, porque queda mucho por hacer y muchos por los que vale la pena cruzarte una vez más.
Artículo publicado por primera vez el 17/02/2023 en la plataforma Free2Z