Octubre, 2023. Un día, sin aviso, recibes un mensaje por WhatsApp de tu mejor amiga: “No sé bien cómo decírtelo, pero me voy de Venezuela. En una semana me voy...”. No puedes culparla. De hecho, la entiendes y comprendes por qué ha tomado esa decisión. Sin embargo, ese sentimiento de amargura no te abandona. Sabes muy bien que estás presenciando los últimos momentos entre la persona en la que más confías y tú. Una parte de ti también se va para siempre con ella. No es la muerte. No es un duelo típico, pero sí que es un dolor difícil de explicar. Sobre todo, porque es de esas experiencias que hay que vivir para poder entenderlas del todo. Y muchísimo más si se trata de un día como hoy, donde mi amiga se casa...
Hoy, enero de 2026, casi tres años desde su migración forzada, desde nuestra separación, ella está a horas de consumar su matrimonio. Ha conocido al amor. No es fácil, se los digo. Ella sabe bien lo mucho que le ha costado llegar a este punto (no el acto de casarse, que es una obligación legal para mejorar su estatus en USA), donde aceptas que eres una mujer amada y que has encontrado al amor también. Una mujer que ama el control, que ama estar adelantada varios pasos sobre los posibles problemas. Donde la vida misma siempre fue percibida (por ella) como una lucha entre el nihilismo y el placer. No llorar demasiado por lo que no se puede recuperar y aceptar lo bueno de lo malo hoy...
Curiosamente, hoy la chica que amaba la frialdad se va a casar. Mientras escribo estas líneas, ella debe estar consumida por los protocolos propios de un matrimonio civil. Maquillaje, peinados, lágrimas de una madre (su madre) que ve casarse a su única hija por Zoom o por WhatsApp, ya que cuando uno emigra también deja atrás más que solo un pedazo de tierra, más que un vecindario; queda en el pasado lo que nos hacía cálidos, lo que solíamos llamar “hogar”. Sé lo duro que debe ser para ella hoy (mi amiga y también para su madre) comprender el rol que les toca a ambas aceptar. Yo misma soy madre y puedo entender lo difícil que debe sentirse una situación así.
El amor llega, te abraza, te acobija y te da ese calor tierno y fortalecedor, pero al mismo tiempo es un momento durísimo cuando sientes que hay personas que deberían estar y no podrán asistir... Antes de escribir este post en esta comunidad, hablé por mensaje de voz de WhatsApp con ella, con mi mejor amiga, y le aconsejé lo siguiente: “Sé que tienes la tendencia a querer controlar absolutamente todo. Ayer mismo no pudimos hablar por llamada porque estabas haciendo planes para hoy (día de su casamiento), pero por favor, tómate 120 segundos, cuando puedas. Estoy segura de que tendrás esa ventana de tiempo. Piensa en lo que estás a punto de hacer. En lo afortunada que eres y en lo lejos que has llegado. No por casarte, por hallar el amor. Ese que te da lo que emigrar te quitó”. Yo finalizo esta confesión/catarsis con esta reflexión. Podemos estar furiosos por cómo resultaron las cosas. Podríamos maldecir al destino y quejarnos, pero al final... solo queda aceptarlo y entenderlo. Creo que ella sabe que estoy feliz por este día. Ojalá ella sea feliz.