🌿 AUTORRETRATOS ESPIRITUALES 14: Escasez y luz en Cuba
📌 La precariedad como espejo
Cuba es un país donde la escasez no es solo una palabra, sino una realidad que se palpa en el aire, que se ve en los estantes vacíos, que se siente en el estómago. La precariedad aquí no es abstracta: es el pan que no llega, el medicamento que falta, el sueño interrumpido por la incertidumbre. Pero, paradójicamente, es también el escenario donde la creatividad y la solidaridad se vuelven arte, donde la carencia se transforma en inventiva, donde lo poco se multiplica por la fuerza del afecto.
👥 En las colas y los patios
En las colas infinitas, bajo el sol insular, se tejen historias. La gente comparte no solo el sudor y el cansancio, sino también el chiste, la canción, el consejo. La escasez, aunque dolorosa, no ha logrado apagar la chispa de la comunidad, no ha extinguido el empeño de seguir, a veces arrastrando el alma, nuestro propósito, el que sea, en la vida. En los barrios, los vecinos se convierten en familia: se prestan el azúcar, el jabón, la esperanza. La precariedad, en lugar de aislar, une.
💡 El ingenio como resistencia
Nosotros, los cubanos, hemos convertido la falta en oportunidad. Las casas se reparan con lo que hay, los muebles se reinventan, la ropa se remienda y se hereda. El ingenio no es solo una habilidad, es una necesidad. En cada esquina, en cada patio, hay un invento: desde el “resolver” cotidiano hasta las soluciones más audaces. La escasez enseña a valorar lo pequeño, a celebrar lo que otros desechan, a encontrar belleza en lo que parece roto.
Pero no todo es poesía. La precariedad también duele. Duele ver a los niños crecer con menos de lo necesario, a los ancianos esperar por lo que nunca llega, a los jóvenes soñar con un futuro que parece lejano. La escasez no es romántica; es una herida abierta que exige ser nombrada.
Sin embargo, en medio de todo, hay destellos. La luz que se filtra por las grietas de las paredes agrietadas, la risa que estalla en el momento más inesperado, el abrazo que sostiene cuando todo parece caer. La precariedad, en Cuba, no ha logrado apagar la capacidad de soñar.
🌅 Un abrazo en la penumbra
Vivir con escasez es un ejercicio diario de paciencia y fe. Pero también es un recordatorio de que, a pesar de todo, seguimos aquí, resistiendo, creando, amando. La precariedad no define a Cuba; define solo una parte de su realidad.
Y yo veo una mesa humilde, con lo poco que hay, pero llena de risas, de historias. La escasez no ha ganado. La luz, aunque tenue, sigue brillando.
Y sufro con entrañas de país sufrido, con la parte de sufrimiento que me toca por el grado de sensibilidad que me sostiene.
Y una lágrima podrá juntarse con otra a la velocidad de un relámpago, pero sé, sin doctrinas ni dialéctica, que todo no está perdido...