Un pie fuera de la hamaca lo impulsa cada tanto con un pequeño golpeteo contra la pared, la cual a ratos se ilumina con el paso de los autos, marcando sombras informes, que a su juicio va interpretado según como fluyen sus pensamientos.
Es una calurosa y larga noche sin luz. Pero no como otras tantas a las que la ineficiencia de la empresa energética estatal tiene acostumbrados a sus pobladores. Esta vez, el apagón es generalizado en todo el territorio nacional y sin esperanzas de que sea restablecido en el corto tiempo.
Sin nada que hacer, su mente va y viene de un pensamiento a otro.
Recordó que su madre, cuando estaba pequeño, solía decirle que la mente ociosa era el taller de Satanás. Pero, cómo no tener la mente ociosa en una noche sin luz, sin luna, ni gente en la calle, y mucho menos carga en el teléfono celular, para pasar el tiempo saltando por las redes sociales, tratando de entender lo que está sucediendo.
En medio de su ociosidad se pregunta: Qué maldición o karma se ha apoderado de esta tierra, que por más esfuerzo que se haga, no termina de echar para adelante, hundiendo más en la miseria y la desesperanza a quienes -hasta hacía poco- celebraban una victoria que les fue arrebatada, a fuerza de mentiras, engaño, amedrentamientos y uso excesivo de la fuerza pública, incluidos encarcelamientos masivos sin órdenes judiciales e inclusive torturas.
¿Qué pasará por la mente de las demás personas, que como él padecen esa noche oscura en el alma?
Una sombra se acerca lentamente hacia él, al paso de un automóvil a baja velocidad y siente la presencia de su madre, a quien no ve desde hace años a causa de las migraciones masivas y las separaciones forzosas de las familias. La sombra intenta abrazarlo, pero desaparece absorbida por la oscuridad.
Dicen que los afines se atraen y se juntan para fortalecerse, así como la oscura noche se traga a la negra sombra, apoderándose de la totalidad del ambiente que pesadamente lo oprime contra su hamaca.
El calor y la oscura soledad lo hacen divagar sobre la situación que embarga a buena parte de las personas de su entorno.
¿Qué pensará la madre del joven detenido o encarcelado injustamente por defender sus ideales o por manifestar su descontento con una realidad que le es ajena?
Habrá comido su hijo, tendrá frío, estará aterrado por las cosas que le puedan hacer y por el destino que ahora le espera. Dónde conseguirá recursos para pagar sobornos y exigencias para garantizarle a su hijo un mínimo de seguridad dentro de los calabozos.
¿Qué pensará la madre de aquel otro hijo desaparecido, del cual no se sabe si quiera dónde pueda estar detenido, si vive o si ha fallecido?
Su cabeza parece que le va explotar tratando de adivinar su destino, al tiempo que enumera los posibles centros de detención a dónde ir a buscar, no más despunte el sol.
¿Qué pensará la madre del hijo que sí apareció, pero que le fue entregado sin vida porque no resistió a las penurias que le fueron impuestas?
No tiene mente ni corazón para pensar en los detalles del entierro, ni en el dinero que no tiene para costearlo. Solo repite en su cabeza una y otra vez: “por qué, por qué, si apenas comenzaba a vivir su vida”.
¿Qué pensará el propio joven, cuya vida se vio truncada por acciones que nunca imaginó que el propio Estado podría hacer en contra de él, violando todos sus derechos?
Familia, novia, amigos, estudios, trabajo… todo quedó atrás. Ahora solo piensa en resistir hasta el día en que llegue la luz, su propia luz.
Otro vehículo pasa, iluminando la pared de las sombras y lo devuelve a su hamaca abruptamente.
Extiende el pie y se impulsa nuevamente para comenzar un nuevo vaivén.
La danza dual de los opuestos le enseña en su pared, que la oscuridad desaparece con la luz, aunque al mismo tiempo le da cabida a las sombras que vienen y van a su antojo.
¿Cuánto durará este apagón?
¿Cuánto tiempo más estaremos sin que llegue la luz a nuestras casas, a nuestra patria, a nuestras vidas?
¿Cuánto habrá de durar esta noche oscura del alma?
veac090924