Meditando en cómo creí toda la vida que iba a reaccionar y en el cómo reaccioné, hice un poema para mi padre. Y es que aunque creas que sabes cómo será todo, al vivirlo, nunca es como se ha pensado.
Cuando tenía aproximadamente 23 años, el papá de un amigo falleció, para mí fue un golpe fuerte, tanto que mi esposo no podía entender el por qué me dolía una persona que apenas conocía, hasta que pude hablarlo. Ese señor era mayor, tenía facciones parecidas a mi papá y aquel suceso con él me hizo pensar en que algo así como lo de mi amigo podía vivir yo y me negaba al hecho de que eso le ocurriera a mi papá, por esa razón me dolía tanto.
Ese episodio de mi vida me llevó a sentir miedo por mucho tiempo, miedo de perder a quien yo más amaba. Llegué a sentir que si eso pasaba yo me perdería también y no podría ni levantarme de tanto dolor. Pero con el tiempo, mientras crecía en madurez fui superando ese miedo y viviendo el día a día, disfrutando a papá sin temor, pero también sabiendo que eso podía suceder y que le podia pasar a cualquiera. Comprendiendo que la muerte, también es parte de la vida y aunque no la queramos, a todos en algun momento nos llega.
Cementerio Jardines de Manabí
Y llegó ese momento, momento en el que se fue mi papá, y mi reacción no fue para nada la que imaginaba. No lo fue, porque ya venía preparandome para ello, porque tuve tiempo para ver el panorama y me enfoque en lo que me enseñó mi padre y mejor sé hacer: ayudar a otros.
Recuerdo que esa noche, todos lloraban, mientras que yo estaba tranquila y no porque no me doliera, alguien debía estar tranquilo. Hice las llamadas correspondientes, caminé de un lado a otro preparando a todos para cuando llegarán a buscar a papá y no, no pude verlo así, ni acercarme otra vez. Creo que esa distancia me hizo ser lo que no soy: fuerte. Y es que yo tenía una misión que mi papi me encargó, estar al pendiente de todos, organizar todo, velar para que todos estuvieran bien aún en medio del proceso.
Ese día antes de lo ocurrido, ya sabía lo que se avecinaba. Sus manos, su saturacion, signos vitales y todo su cuerpo lo hablaba. Así que antes de que llegara ese momento le dí un beso y le dije que todo estaría bien, que yo tenía que ir a casa y volvería por él. Así fue y no fue como antes me lo había imaginado, porque nadie está preparado para ver a un ser amado partir y lo que imaginamos nunca es como parece.