Creo que este será uno de las publicaciones más personales que tenga, pero lo encuentro increíblemente necesario.
Nací en 1986 y desde muy pequeña fui una persona particular.
No lloraba cuando era bebé, solo cuando veía a mi madre por las mañanas, eso logró que se me catalogara como una buena bebé.
Fui el kinder sorpresa de mi familia ya que fui la menos planeada, mis padres ya tenían an mis hermanos, Ro y Erika, digamos que la familia ya estaba completa.
Durante las primeras pinceladas de mi infancia recibí muchas etiquetas dolorosas, desde muda, rara, bruta, chillona y, la más hiriente de todas: FLOJA.
Cad vez que iba al supermercado, al tianguis o a un lugar caluroso y concurrido yo terminaba totalmente agotada, así estuviera solo 5 minutos en esos lugares.
Ordenar mi cuarto, me dejaba en la lona, pero para quienes me rodeaban, era solo un signo de flojera y de ser una niña consentida y caprichosa.
Después, en la adolescencia, comencé a sentir palpitaciones extrañas que los médicos pasaban por alto, así como mi familia. Digamos que aprendí a normalizar el síntoma. Por esos años empecé a ir al psicólogo convencida de que sufría de ansiedad.
Conforme pasaron los años y me fui a la universidad, seguí experimentando esa fatiga, las palpitaciones y comencé con migrañas constantes. Para dejar de parecer delicada decidí no externar mi sentir por miedo a ser señalada por mis compañeros. Por ahí sucedieron algunos de mis mejores años.
Hice mucho teatro, fui docente y destruí mi vida.
Los vicios nunca se apoderaron de mí, pero probé muchas cosas.
A los 23 años , después de perder a mi papá, comencé a sufrir desmayos y un doctor random perdido en un pequeño consultorio se dio cuenta de que mi presión siempre estaba baja. Un rayito de esperanza.
Tome medicina una buena temporada y llegué a sentirme más normal.
A los 25, me embaracé.
Desde el primer momento, mi embarazo fue de alto riesgo, presión muy baja, más palpitaciones, sin trabajo y estudios normales.
Al nacer mi hija, me volqué en ella e ignoré mis síntomas, pero era evidente que algo estaba mal en mi, si iba al mercado, llegaba directo a dormir.
Recuerdo a mi madre sintiéndose ofendida porque no la ayudaba con las labores de casa en esos días, me sentí tan incomprendida y avergonzada por querer descansar y traté de evitarlo, forzando a mi cuerpo a grandes cantidades de estrés.
Por esos años mi madre enfermó de asma y problemas articulares, casi dejo de caminar.
Estaba en una relación nada recíproca con un egoísta muy galante , quien me pedía escogerlo por sobre mi familia.
Mi depresión llega en 2018 con mi rompimiento y una mudanza que había sucedido unos meses antes.
Me tiré en cama, gané y perdí peso y volví a sentir todas esas cosas.
Vino pandemia y 4 contagios de COVID.
Vacunas, médicos y mis síntomas agravados.
Me seguía ignorando.
En 2022 empiezo una de las épocas más felices de mi vida trabajando en videojuegos, me sentía más estable, trabajando desde casa.
En 2023 comenzando a viajar cada vez más, conozco a mi amado y me enfrento a momentos de extrema felicidad y a nuevos síntomas, comenzaron las náuseas y los mareos. Pensábamos que venía un bebé, pero vinieron pruebas negativas y muchas dudas.
2024 llega con una mudanza a Guadalajara.
Al enfrentarme a una vida en familia, vinieron nuevos retos, mucho crecimiento personal y profesional, pero con cada vez más síntomas sobre mi.
Escuché a gente con disautonomia , teniendo curiosidad de similitud de síntomas.
Y llega un video de Martha Debayle an mis manos, hablaba de disautonomia y como si fuese un álbum de mi vida, por primera vez tuve la certeza de haber llegado a mi realidad. Al fin escuchaba a gente que me entendía y me sentí tan conmovida que lloré por largo rato.
Necesitaba ir al médico.
En la búsqueda de embarazo comencé a hacerme estudios de laboratorio en donde ciertos valores comenzaron a acercarme a donde necesitaba. Citas con ginecólogo y endocrinólogo me dieron la clave, buscar un cardiólogo y vomitar todo lo que llevaba años evitando.
Hace una semana llegué al consultorio de una maravillosa cardióloga quien me estudió y escucho.
En dos horas y media validó cada cosa que he experimentado desde la niñez y confirmó mis sospechas. Tengo disautonomia cardiaca.
Al fin enfrentaba a mi monstruo.
Mi camino recién empieza, mi cuerpo está adaptándose. Tengo muchas crisis, pero mejores herramientas para enfrentarlas.
Usaré poco a poco este espacio para compartir mi sentir y claro, la convivencia con mi monstruo que termina siendo un viejo amigo.