Andar preocupado por cuestiones de dinero forma parte de la energía vital de cualquier persona. Algunos más, otros menos y muy pocos nada, han tenido pensamientos respecto del dinero como solucionador de todos los males. Y es natural. No es algo que se pueda condenar. Al fin y al cabo, vivimos en una sociedad de capital y las deudas o futuros desafíos económicos solo se pueden saldar con la promesa de los banco centrales de cada país.
Sí, ese billetito que carga doblado en su cartera es eso: una promesa de pago, una nota de débito bancaria que transfiere el valor a quien la posee y que el mercado acepta como válida. Si vemos el dinero justamente como es, una promesa, entonces podemos deducir que vivimos preocupados por promesas. Y es el trato que le damos a esa promesa lo que deviene en preocupaciones (no alegrías, eso se los garantizo).
Entonces ¿Cómo ver el dinero? ¿Una promesa o como una consecuencia? Recuerdo hace muchísimos años vivir ahogado en deudas, muy joven comencé a ganar sueldos por encima de los chicos de mi edad, porque subí como la espuma dentro del mundo empresarial y siempre andaba adelante que mis pares en eso de producir dinero. Pero siempre me faltaba porque lo malgastaba. Vivía con las tarjetas de crédito al límite (algo que en Venezuela desapareció: el crédito).
Con el tiempo y la madurez llega el momento de inflexión: aquel en el que te das cuenta que tienes urgentemente que cambiar la manera como ves al dinero. Ese clic llegó para mí ya en mis treinta y un buen día me hice la promesa que no gastaría más de lo necesario. Hasta allí (bueno, unos dos meses después) me faltó o me preocupé por dinero. Digamos que la abundancia comenzó a girar sobre mi vida. Una abundancia que mermó cuando comenzaron los problemas ya sabidos por todos en Venezuela.
Más adelante, ya harto de los problemas empresariales y habiendo llevado una vida profesional bajo presión durante 35 años, decidí mandar todo a la mierda. Renuncié sin saber que iba hacer. No es fácil tomar una decisión así, máxime cuando los empleos no abundan para personas mayores a 50 años. Pero fue algo muy liberador. El dinero pasaba a convertirse en una preocupación porque la pensión negociada apenas alcanzaba para vivir.
Luego llegó #Hive a mi vida y las cosas comenzaron a cambiar poco a poco. Todavía el dinero era una preocupación porque en ésta plataforma se crece, pero con el tiempo, no de un día para otro por mucho que seas un entusiasta. Supongo que tiene que ver con trabajo, de nuevo, el generador de las promesas bancarias que hablamos en los primeros párrafos.
Justamente, a partir del último hardfork, cuando nos separamos de la cadena anterior, comenzaron a cambiar muchas cosas en #Hive. Y el dinero volvió a caer en el olvido, no porque abundara, sino porque teniendo casa propia, nuestra plataforma da lo suficiente para comer y pagar algunas cuentas. Pero eso es en Venezuela, donde un dólar vale algo y se puede navegar en una economía depauperada cuando tienes acceso a unos billetitos verdes.
La verdad es que cuando viajas a otro país con economías fuerte y vigorosas, las cosas cambian. Sigue siendo una fuente de ingresos, pero te tienes que mover de algún modo para redondear las cuentas. Eso significa bien conseguir otro empleo de medio tiempo (jamás volvería a formar parte de la máquina del capital impuesta a todos) o hacer milagros en la web con el fin de conseguir churupos.
¿Por qué? Digamos que las cuentas son altas en los otros países. Mientras los servicios públicos en Venezuela son una ganga, mi hija ha pagado más de US$ 70 por el último recibo de luz y eso que no han empezado a pagar sobre la nueva tarifa ya anunciada. Y así como ese servicio, todos los demás. Tienes que pagar renta si no posees casa propia y hacer mercado decente (solo esto último, representa más de US$ 800 al mes para dos personas comiendo muy frugalmente)
Con todo lo anterior expuesto (no hemos hablado de distracciones e imprevistos), hay que agregar los impuestos. Y en cualquier país del primer mundo, estos son altos. Muy altos. Además pagas por todo, algo a lo que no estamos acostumbrados quienes vivimos dentro de la isla llamada Venezuela. Cuando veo a mis hijos establecidos, me da envidia sana saber como han podido ajustarse a las reglas de juego y ser exitosos. Claro, trabajan duro y eso creo lo heredaron de su mamá y de mí.
El caso es que se acerca una hora de la verdad para mí y me encuentro angustiado por dinero. No recordaba esa sensación. También me había hecho la promesa de nunca más preocuparme por ello. Pero es completamente comprensible que esos pensamientos acudan a mi cabeza ¿La razón? Emigrar o no de mi país. No tengo motivaciones para regresar porque mis hijos están acá y las cosas que me ataban ya no existen. Los vínculos y la raíces están dentro de mi cabeza, pero acá tengo otra realidad.
Y dentro de muy poco les contaré el desenlace, primero porque una cosa es querer y otra muy diferente es poder. Si #Hive me da las razones para no preocuparme por dinero, entonces podré tomar este camino. De otra forma tendré que regresar porque no deseo ser una carga para mis hijos. Tengo un caso muy sólido para quedarme dentro de estas fronteras, pero no quiero andar preocupado por dinero. Y es allí donde el dinero entra como factor para una decisión de vida. Por ello lo inventaron, para tenernos atrapados.
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