Muchas de las cosas que están a nuestro alrededor son casi imposibles de controlar: las acciones de otras personas, sus reacciones y las circunstancias del día a día. Resulta muy difícil tener todo eso bajo control. Lo cierto es que lo único que realmente dominamos es la forma en que afrontamos las adversidades. Y, en esencia, solo existen dos maneras de enfrentarlas.
Una consiste en creer que los problemas son el fin del mundo y que no hay solución alguna para ellos. La otra es buscar la forma de hacerles frente y resolverlos. Generalmente, el mundo nos impulsa a pensar que los problemas son más grandes que nuestra capacidad para solucionarlos. Por eso, muchas personas quedan atrapadas en ellos o incluso se encariñan con sus dificultades.
Esa actitud puede llevar a desarrollar comportamientos dañinos e incluso enfermedades como depresión, angustia o ansiedad. Lamentablemente, todos estamos en una línea en la que podríamos caer en esa misma situación. Pero también es cierto que los seres humanos tenemos la capacidad y la disposición de superar circunstancias difíciles. No es inteligencia superior: es disciplina y resiliencia.
La resiliencia es el motor que nos impulsa a no apegarnos al dolor ni quedarnos estancados cuando atravesamos momentos difíciles. Si lo pensamos bien, siempre podemos sacar algún provecho de las situaciones que enfrentamos. Pueden ayudarnos a desarrollar nuevas cualidades, aprender algo valioso o impulsarnos a seguir adelante por un camino diferente.
Hace tiempo escuché una frase que decía que tal vez el primer paso no nos lleve al lugar exacto que deseamos, pero sí nos sacará del sitio donde estamos. Puede parecer difícil de entender, pero es una gran verdad. A veces, bajo presión, necesitamos movernos, aunque no sepamos si llegaremos al destino ideal. Lo importante es liberarnos del peso que ya no podemos cargar.
El mundo ejerce una gran presión sobre todos nosotros y, entre esos factores, hay personas con poder que intentan socavar la integridad y la dignidad ajenas. Lo hacen haciéndonos creer que no tenemos opciones, que no hay soluciones y que debemos conformarnos. Pero de forma sutil, siempre tenemos alternativas para buscar una mejor calidad de vida y un espacio donde podamos sentirnos seguros.
Por eso, esa frase cobra sentido: no importa si el mundo está en caos, porque nunca podremos controlar completamente lo externo. Quizá podamos manejar un pequeño porcentaje de lo que ocurre, pero lo que sí podemos dominar con certeza es nuestra mente. Podemos calmar nuestros pensamientos y mantener la serenidad, y de eso depende la manera en que actuamos frente a todo lo demás.
Si permitimos que el mundo nos haga perder la cabeza, ahí surge un problema serio. Por eso, de forma reflexiva, es importante controlar los pensamientos y evaluar qué merece realmente nuestra atención. Debemos analizar conscientemente aquello que vale la pena, porque eso nos permitirá caminar hacia un lugar de paz y tranquilidad.
Muy pocas cosas merecen la enorme atención que solemos darles. Cuando entendemos esto, comenzamos a colocar cada asunto en el lugar que le corresponde. Así nuestra mente se llena de calma, porque mantenemos el foco en cosas que de verdad nos nutren, que nos dan propósito y que nos hacen realmente felices.
Ismael D. Rodríguez
Discord ismaelrd04#9345