-"La Curva"- Imagen de mi autoría -
De vez en cuando, necesitamos un silencio sólido, inamovible, de ese tipo de silencio que nos aísla de prácticamente todo lo que nos rodea... Y digo "necesitamos" porque me refiero a esas ansias naturales de reflexionar que -cuando menos en mi caso- a veces se nos hacen impostergables.
A mi me pasa que, sin pensarlo demasiado, tomo mi bicicleta y me dirijo hacia algún lugar solitario, procurando estacionarme en algún recodo del camino, en donde la sensación de soledad sea palpable.
Entonces, todo parece calmarse, los problemas parecen más chicos, las soluciones se hacen claras y hasta fáciles. Y encuentro que en muchos casos, tales problemas no existen, o son en realidad irrelevantes. Entonces cuando retorno a eso que llamo "la vida real", aquellos contratiempos han perdido fuerza.
Claro, yo me considero afortunado, pues dispongo de innumerables lugares alejados del ruido cotidiano, estando muchos de ellos entre 10 o 15 kilómetros al rededor del pueblo.
Es como si el "universo" de vez en cuando confabulara para proveer esos rincones aislados a los que los necesitan con desesperación.
Aquí sucede eso, porque el pueblo se ha ido "quedando con menos gente" debido a la emigración propiciada por las sucesivas crisis económicas que han afectado al país y en especial a pueblos pequeños como este.
Entonces, lugares que antes tenían actividad regular, debido a las fincas y granjas productivas; ahora se han convertido en parajes solitarios, cuyos caminos y veredas ofrecen una asombrosa cantidad de aislamiento. Es como si se hubiesen tornado en inesperados lugares para "introspección y auto indagación".
Lamentablemente, esto ha ocurrido debido a que mucha de la población productiva se fue del pueblo y gran parte de los productores y trabajadores del campo se han ido o han cambiado de actividad.
Pero bien ¡una cosa lleva a la otra!... Algunos "locos" como yo, hemos podido disponer de espacios alejados, apenas pedaleando durante menos de una hora.
Entonces, he cultivado un sano (espero que sea sano) apego por la soledad, por la posibilidad de sentarme bajo un árbol a la vera del camino y cavilar durante horas sobre muchas cosas, en las que antes nunca pensaba. Pienso que esto me ha servido a mi -y a otros pocos en el pueblo- para evolucionar espiritualmente, de una manera en la que no hubiera sucedido si nuestro pueblo, hubiese sostenido la misma actividad económica de tiempos pasados.
From time to time, we need a solid, unshakable silence, the kind of silence that isolates us from practically everything around us... And I say "we need" because I am referring to those natural cravings for reflection that -at least in my case- sometimes we cannot put off.
It happens to me that, without thinking too much about it, I take my bicycle and head towards some solitary place, trying to park myself in some bend of the road, where the sensation of solitude is palpable.
Then, everything seems to calm down, problems seem smaller, solutions become clear and even easy. And I find that in many cases, such problems do not exist, or are actually irrelevant. Then when I return to what I call "real life," those setbacks have lost their force.
Of course, I consider myself lucky, because I have countless places away from the daily noise, many of them being 10 to 15 kilometers around town.
It is as if the "universe" from time to time conspires to provide those isolated corners to those who desperately need them.
This happens here, because the town has been "running out of people" due to the emigration caused by the successive economic crises that have affected the country and especially small towns like this one.
So, places that used to have regular activity, due to productive farms and ranches, have now become lonely places, whose roads and trails offer an astonishing amount of isolation. It is as if they have become unexpected places for "introspection and self-inquiry".
Unfortunately, this has occurred because much of the productive population has left town and many of the farmers and farm workers have left or moved on.
But well, one thing leads to another!.... Some "crazy" people like me, have been able to have remote spaces, just pedaling for less than an hour.
So, I have cultivated a healthy (I hope it is healthy) appreciation for loneliness, for the possibility to sit under a tree by the side of the road and think for hours about many things that I never thought about before. I think this has helped me - and a few others in the village - to evolve spiritually in a way that would not have happened if our town had sustained the same economic activity as in the past.