Hola, mis amigos. Que placer saludarlos este día y plublicar en esta comunidad.
Como cada domingo, en los alrededores del parque de mi pueblo, Punta Brava, los vendedores de cualquier cosa ponen sus puestos improvisados y otros arman sus carpas para hacer lo que acá llamamos feria. Traen productos de todo tipo, aunque los precios no son de todo tipo. Así podemos ver desde confituras y peluches hasta plátanos, piña o calabaza.
Hello, my friends. What a pleasure to greet you this day and post in this community."
Like every Sunday, around the park in my town, Punta Brava, sellers of all kinds of things set up their makeshift stalls, and others put up their tents for what we call a feria (fair). They bring all sorts of products, though the prices are not of all sorts. So we can see everything from candies and stuffed toys to bananas, pineapple, or pumpkin.
Mientras caminaba, en busca de "algo", entré en un "trance" y es por eso que hoy me permito hablar un poco algo que no es un secreto para los que vivimos dentro, sin embargo, quienes no conocen este país, tal vez crean que aquí no hay nada de nada, y no es así. La situación social y económica de Cuba, mi país, es muy compleja ya que aquí conviven logros significativos en materia de salud y educación (que ya no son tantos, para hacerse una extracción de sangre hay que llevar la jeringuilla), con profundas distorsiones que afectan la vida cotidiana de los cubanos. Uno de los debates más recurrentes dentro y fuera de Cuba gira en torno a la llamada "falsa escasez", una teoría que sostiene que los productos existen, pero no están al alcance de todos debido a precios astronómicos.
As I walked, looking for "something," I entered a "trance," and that's precisely why today I’ll allow myself to talk a little about something that is no secret to those of us who live here. However, those who don’t know this country might think there’s absolutely nothing here — and that’s not the case. The social and economic situation in Cuba, my country, is very complex, as significant achievements in health and education (which are no longer so significant — to have a blood draw, you have to bring your own syringe) coexist with deep distortions that affect Cubans' daily lives. One of the most recurring debates inside and outside Cuba revolves around the so-called "false scarcity," a theory that holds that products do exist, but they are not within everyone's reach due to astronomical prices.
La afirmación de que "en Cuba hay de todo" es cierta a medias. En las principales ciudades del país, especialmente en La Habana, es posible encontrar desde electrodomésticos de última generación hasta ropa de marca, pasando por alimentos importados, repuestos automotrices y productos de lujo. Sin embargo, estos bienes no se comercializan en la red estatal subsidiada, sino en un creciente mercado privado y en tiendas en moneda libremente convertible (MLC) y dólares, donde los precios están dolarizados y resultan inalcanzables para la mayoría.
The claim that "in Cuba you can find everything" is only half true. In the country’s main cities, especially Havana, you can find everything from the latest generation of household appliances to brand-name clothing, including imported foods, auto parts, and luxury goods. However, these goods are not sold through the state-subsidized network, but rather in a growing private market and in stores that use freely convertible currency (MLC) and dollars, where prices are dollarized and out of reach for the majority.
El problema no es la ausencia física de productos, sino su distribución segmentada por una dualidad cambiaria perversa. El cubano no cobra en dólares pero si quiere adquirir todo lo mínimo necesario para una vida medianamente decorosa, entonces debe comprar con dólares o su equivalente en el mercado negro, que actualmente se encuentra en 525 pesos cubanos por un dolar. Mientras el cubano promedio gana entre 4.000 y 7.000 pesos mensuales (unos 30 dólares al cambio oficial, pero menos de 15 en el mercado informal), un simple pollo puede costar el equivalente a 10 dólares, una caja de leche en polvo 12 dólares, y un par de zapatillas deportivas supera los 80 dólares.
The problem is not the physical absence of products, but their distribution segmented by a perverse currency duality. Cubans are not paid in dollars, but if they want to acquire the bare minimum for a reasonably decent life, they must buy in dollars or their equivalent on the black market, which currently stands at 525 Cuban pesos per dollar. While the average Cuban earns between 4,000 and 7,000 pesos a month (about 30 dollars at the official exchange rate, but less than 15 on the informal market), a simple chicken can cost the equivalent of 10 dollars, a box of powdered milk 12 dollars, and a pair of sneakers upwards of 80 dollars.
Por tal motivo, la escasez se vuelve selectiva, abunda para quien tiene acceso a divisas (remesas familiares, trabajadores del sector turístico o cuentapropistas exitosos) y es cruda para quien depende exclusivamente del salario estatal. Esta realidad ha dado origen a una economía social profundamente desigual. Las bodegas de racionamiento ofrecen productos básicos a precios simbólicos qué apenas llegan y las cantidades son insuficientes. La legendaria libreta de abastecimiento es un fastama que nos roda pero no acaba de desaparecer.
For this reason, scarcity becomes selective: it is abundant for those with access to foreign currency (family remittances, tourism-sector workers, or successful self-employed workers) and harsh for those who depend exclusively on the state salary. This reality has given rise to a deeply unequal social economy. Ration shops offer basic products at symbolic prices, but supplies are barely sufficient and quantities are inadequate. The legendary ration book is a ghost that haunts us but never quite disappears.
En contraste, los mercados agropecuarios en pesos cubanos (CUP) venden frutas y vegetales a precios que han crecido excesivamente, y las tiendas MLC exhiben estantes ya no tan llenos que la mayoría solo puede mirar. El mito de la falsa escasez sirve para visibilizar una verdad incómoda, Cuba no es un país desabastecido en términos absolutos, sino un país donde el acceso a los bienes depende de la capacidad de adquirir moneda extranjera. Esto genera una desigualdad social entre quienes reciben remesas o trabajan en sectores vinculados al turismo o particulares, una minoría, y la gran mayoría de la población, que sobrevive con ingresos reales de miseria.
In contrast, agricultural markets in Cuban pesos (CUP) sell fruits and vegetables at prices that have skyrocketed, and MLC stores display shelves that are no longer so full — the majority can only look. The myth of false scarcity helps to make visible an uncomfortable truth: Cuba is not an absolutely undersupplied country, but rather a country where access to goods depends on the ability to obtain foreign currency. This generates social inequality between those who receive remittances or work in tourism-related or private sectors (a minority) and the vast majority of the population, who survive on real incomes of misery.
En lo social, esta situación ha erosionado el principio igualitario que alguna vez caracterizó a la Revolución Cubana. La desigualdad se expresa en la vestimenta, la alimentación, la vivienda y hasta en las oportunidades de ocio. Mientras una parte de la población cena en restaurantes privados (paladares) y van a hoteles que cobran en dólares, otra depende de la sopa de calabaza y eso con suerte.
On a social level, this situation has eroded the egalitarian principle that once characterized the Cuban Revolution. Inequality is expressed in clothing, food, housing, and even leisure opportunities. While some people dine in private restaurants (paladares) and stay at hotels that charge in dollars, others depend on pumpkin soup — and that's if they're lucky.
Hablar de "escasez" es una simplificación. Existe escasez real para quienes no tienen dineros, y abundancia para quienes sí. El problema de Cuba no es que falten productos, sino que el modelo económico ha creado un mercado paralelo con precios astronómicos que convierten la canasta básica en un lujo. Yo hablo con personas de varias partes del mundo y en niguno de esos lugares la comida custa lo que aquí. Mientras los salarios no se acerquen mínimamente a los costos reales de vida, Cuba seguirá atrapada en esa paradoja: Hay de todo, pero no es para todos.
To speak of "scarcity" is an oversimplification. There is real scarcity for those without money, and abundance for those who have it. Cuba’s problem is not that products are lacking, but that the economic model has created a parallel market with astronomical prices that turn the basic basket of goods into a luxury. I speak with people from various parts of the world, and in none of those places does food cost what it costs here. As long as salaries do not come even close to real living costs, Cuba will remain trapped in this paradox: everything is available, but not for everyone.
Gracias por visitar mi blog
Texto e imágenes de mi propiedad
Thanks to visite my blog
Text and imagen are my own