Involución Social: Cuando la Hipocresía se Convierte en Nuestra Mejor Gala
¿Evolución o involución social? He estado dándole vueltas a la cabeza sobre la hipocresía social y sus porqués. Comencemos por algo simple: ¿Por qué felicitar a alguien en un día especial si, en realidad, no te importa cómo vive ni lo que pasa en su vida? Siempre he pensado en eso, pero mi reflexión va más allá. He vivido situaciones en las que perdí a amigos y vi cómo todos fingieron quererlos el día de su muerte. La verdad es que, en vida, no les importaba nada de lo que les pasara; o peor aún, su situación era objeto de mofa y tema de conversación, no de preocupación. Es aquí donde resuena con fuerza esa frase lapidaria:
«He visto velorios donde sobra la comida, pero el muerto pasaba hambre».
Y no hablo solo de comida física, para el que sepa entender la profundidad de esas palabras.
La máscara de la empatía en la era digital Hoy en día, la involución y la hipocresía nos consumen mientras fingimos ser las mejores personas del mundo. Un ser con depresión, por ejemplo, suele ser más digno de críticas que de ayuda. Recordando aquel video de Marcos sobre la depresión, me pregunto: ¿Por qué fingir que alguien te importa solo en un día especial o cuando ya ni siquiera está en este plano terrenal?
Las redes sociales nos han dado la falsa creencia de que tenemos derecho a opinar de todo o a juzgar sin contexto. Recuerdo un video filtrado hace años sobre el abuso a una niña donde, en lugar de indignación pura, muchos comentarios se enfocaban en que la víctima «parecía disfrutar». ¿Qué tan podridos debemos estar para emitir un juicio así?
Religión, dinero y el pedestal de la superioridad Siguiendo con esta involución, no puedo dejar pasar el hecho de que vivimos en una sociedad donde se cree que profesar una religión te hace automáticamente "mejor" y te otorga un mazo de juez. Hablan en nombre de un Dios que es amor, pero lo que emana de sus bocas es puro odio.
Lo mismo sucede con el estatus económico. Tener un trabajo o dinero parece dar derecho a juzgar al que no lo tiene, ignorando su realidad. Somos juzgadores de oficio por excelencia: creemos que entre más señalamos, más perfectos somos, cuando la realidad es que esa actitud solo oculta un vacío interno.
La caridad como espectáculo Incluso la caridad ha involucionado. Hoy, regalar un plato de comida parece no tener valor si no hay una cámara grabando para ganar likes o validación. Se hace por el "alcance", no de corazón.
Jamás había entendido la frase: «Me río del hambre después de que como». A veces venimos de abajo y, al llegar arriba, olvidamos que los procesos y tiempos de cada persona son distintos. Lo que para ti es desperdicio (como esa comida que botas porque no te gusta), para otro sería una bendición absoluta.
Reflexión Final Para entender ciertas cosas, hay que tocar fondo o ponerse en los zapatos de los demás desde la realidad, no desde la comodidad de una pantalla. Como bien decía aquella frase de la película venezolana Hora Cero:
«La vaina cambia cuando al que le duele es a uno».
Debemos dejar de ser espectadores de la tragedia ajena y jueces de vidas que no conocemos. La verdadera evolución no está en la tecnología que usamos, sino en la calidad de la humanidad que nos queda.
«He visto velorios donde sobra la comida, pero el muerto pasaba hambre».
Y no hablo solo de comida física, para el que sepa entender la profundidad de esas palabras.
La máscara de la empatía en la era digital Hoy en día, la involución y la hipocresía nos consumen mientras fingimos ser las mejores personas del mundo. Un ser con depresión, por ejemplo, suele ser más digno de críticas que de ayuda. Recordando aquel video de Marcos sobre la depresión, me pregunto: ¿Por qué fingir que alguien te importa solo en un día especial o cuando ya ni siquiera está en este plano terrenal?
Las redes sociales nos han dado la falsa creencia de que tenemos derecho a opinar de todo o a juzgar sin contexto. Recuerdo un video filtrado hace años sobre el abuso a una niña donde, en lugar de indignación pura, muchos comentarios se enfocaban en que la víctima «parecía disfrutar». ¿Qué tan podridos debemos estar para emitir un juicio así?
Religión, dinero y el pedestal de la superioridad Siguiendo con esta involución, no puedo dejar pasar el hecho de que vivimos en una sociedad donde se cree que profesar una religión te hace automáticamente "mejor" y te otorga un mazo de juez. Hablan en nombre de un Dios que es amor, pero lo que emana de sus bocas es puro odio.
Lo mismo sucede con el estatus económico. Tener un trabajo o dinero parece dar derecho a juzgar al que no lo tiene, ignorando su realidad. Somos juzgadores de oficio por excelencia: creemos que entre más señalamos, más perfectos somos, cuando la realidad es que esa actitud solo oculta un vacío interno.
La caridad como espectáculo Incluso la caridad ha involucionado. Hoy, regalar un plato de comida parece no tener valor si no hay una cámara grabando para ganar likes o validación. Se hace por el "alcance", no de corazón.
Jamás había entendido la frase: «Me río del hambre después de que como». A veces venimos de abajo y, al llegar arriba, olvidamos que los procesos y tiempos de cada persona son distintos. Lo que para ti es desperdicio (como esa comida que botas porque no te gusta), para otro sería una bendición absoluta.
Reflexión Final Para entender ciertas cosas, hay que tocar fondo o ponerse en los zapatos de los demás desde la realidad, no desde la comodidad de una pantalla. Como bien decía aquella frase de la película venezolana Hora Cero:
«La vaina cambia cuando al que le duele es a uno».
Debemos dejar de ser espectadores de la tragedia ajena y jueces de vidas que no conocemos. La verdadera evolución no está en la tecnología que usamos, sino en la calidad de la humanidad que nos queda.
ENGLISH
Social Involution: When Hypocrisy Becomes Our Finest Attire
Social evolution or involution? I’ve been turning it over in my mind, thinking about social hypocrisy and its "whys." Let’s start with something simple: Why congratulate someone on a special day if, in reality, you don’t care how they live or what is happening in their life? I’ve always thought about this, but my reflection goes deeper. I have lived through situations where I lost friends and saw how everyone pretended to love them on the day of their death. The truth is, while they were alive, no one cared what happened to them; or worse, their situation was an object of mockery and a topic of conversation, not concern. This is where that devastating phrase resonates with force:
"I have seen wakes where food was overflowing, yet the deceased used to go hungry."
And I am not just talking about physical food, for those who understand the depth of those words.
The Mask of Empathy in the Digital Age Nowadays, involution and hypocrisy consume us while we pretend to be the best people in the world. A person with depression, for example, is usually more worthy of criticism than help. Recalling that video by Marcos about depression, I wonder: Why pretend that someone matters to you only on a special day or when they are no longer even on this earthly plane?
Social media has given us the false belief that we have the right to have an opinion on everything or to judge without context. I remember a video leaked years ago about the abuse of a girl where, instead of pure indignation, many comments focused on the victim "seeming to enjoy it." How rotten must we be to issue a judgment like that?
Religion, Money, and the Pedestal of Superiority Continuing with this involution, I cannot ignore the fact that we live in a society where it is believed that professing a religion automatically makes you "better" and hands you a judge's gavel. They speak in the name of a God who is love, but what flows from their mouths is pure hatred.
The same happens with economic status. Having a job or money seems to give one the right to judge the person who doesn’t, ignoring their reality. We are professional judges by trade: we believe that the more we point fingers, the more perfect we are, when the reality is that this attitude only hides an internal void.
Charity as a Spectacle Even charity has involuted. Today, giving a plate of food seems to have no value if there isn't a camera recording to earn likes or validation. It is done for "reach," not from the heart.
I never understood the phrase: "I laugh at hunger after I've eaten." Sometimes we come from the bottom and, upon reaching the top, we forget that everyone's processes and timelines are different. What is waste to you (like that food you throw away because you don't like it) would be an absolute blessing to someone else.
Final Reflection To understand certain things, you have to hit rock bottom or put yourself in others' shoes from a place of reality, not from the comfort of a screen. As that phrase from the Venezuelan film Hora Cero (Zero Hour) aptly said:
"The thing changes when the one who hurts is you."
We must stop being spectators of others' tragedies and judges of lives we do not know. True evolution is not in the technology we use, but in the quality of the humanity we have left.