Más de cuatro años han pasado desde que me tomé esta foto, recuerdo muy bien aquel día. Había trabajado por casi dos días sin dormir, debido a que en Los Teques, estado Miranda de Venezuela, por allá por el 2017, comenzaban las protestas contra el régimen de Nicolás Maduro.
En esa época, yo era director del departamento de prensa del Instituto Autónomo de Policía del Estado Miranda (Iapem). Por ello, debía tener conocimiento de todos los focos de violencia para informarlos por los medios de comunicación, realizar notas de prensa y defendernos de la política que salpicaba a la seguridad por ser, en esa entonces, un territorio a cargo del exgobernador Enrique Capriles.
Lo cierto es que, a pesar de ya ha transcurrido casi media década de aquella instancia, hoy me siento más joven y tranquilo, en especial por lo que estoy haciendo actualmente.
Era difícil conciliar el sueño aquel tiempo cuando estaba entregado en cuerpo, mente y alma, a trabajar pensando que ese granito de arena que yo aportaba serviría para salir del mandato del tirano y no fue así, todo se desvaneció.
Muchas personas perdieron la vida, sus negocios, su libertad, hubo multitudes que resultaron herida y vulneradas con amenazas que no los dejaron estar tranquilos. Nada sirvió..., al menos, hasta ahora, eso es lo que parece.
Yo me siento orgulloso de lo que ahí hice y logré; solo el hecho de haber sido nombrado director, a mi corta edad, y por un maestro y ser humano ejemplar como ninguno, como lo fue el fallecido comisario general Elisio Guzmán, es un logro personal que pocos podrán entender o lograr en ese área de seguridad.
Al analizar este desencuentro que fue el salir de ahí y ver en lo que se ha convertido esa policía con el ahora gobernante oficialista, siento una enorme tristeza y decepción.
Pero verme feliz, a pesar de esos demonios atormentándome por la destrucción que sigue sucediendo en Venezuela, y además de eso, sentirme más tranquilo y jovial de lo que nunca sospeché que estaría hoy día, me hace entender todo lo que arriesgué durante aquel lapso.
No me arrepiento, es y fue un honor haber dado la batalla que me correspondía dar. Sin embargo, a veces creo que no hice suficiente y que si lo hubiese hecho, como lo ven en la actualidad con todo lo que sucede en mi país, no habría alcanzado para ser realmente libres.
La edad es solo un número, pero esa cifra debe subir conforme también se incrementa tu paz. Acá ando aún, recordando lo bueno, lo malo y lo bonito de ese ayer y de este hoy.
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