Detengan el mundo que quiero bajarme
Inmediatamente, sin pensarlo mucho, un grupo se fue con mi abuela y otro se quedó con mi hermana. Mi hermana menor, con la que siempre me la he llevado muy bien, estaba sufriendo un derrame. En ese instante, como pudimos, detuvimos el sangrado e insistimos llevarla también al hospital. Mi hermana, que es más terca que una mula, nos convenció que pronto bajaría la hemorragia y que ella estaba bien. Confiamos en su palabra: craso error.
Aunque a la abuela no la internaron ese día, si lo hicieron al día siguiente. De una u otra forma todos nos volcamos a ella, dejando de lado a mi hermana y a su sangrado, tal vez confiando en su palabra, o tal vez porque en el fondo era más fácil para nosotros tratar de solucionar un problema y no dos.
El día 26 muere mi abuela y como si la muerte nos tomara desprevenidos, como si no fuera la cosa más natural y segura del mundo, no sabíamos qué hacer. Una cantidad de papeleos, diligencias fúnebres nos hicieron descuidar la salud de mi hermana, que sin poder esperar más, recayó completamente el 27: en una madrugada de terror en la que cada minuto parecía un instante menos para sus venas.
Alarma: Hemoglobina en 4. Silla de ruedas, ascensor averiado, pasillo largo, muy largo, emergencia colapsada, vigilantes mal encarados, enfermeras ocupadas. Auxilio, auxilio, mi hermana se muere, por favor. Por el amor de Dios que alguien me ayude,. Lágrimas, boca seca y pastosa, visión borrosa, piernas que flaquean. Por Dios, ayúdenme. Temblor, pánico, el corazón latiendo a mil. De repente una mano en el hombro, una mirada serena, una bata blanca, unas palabras que hicieron la diferencia: cálmate, sube a tu hermana para hacerle transfusión.
Con el primer concentrado de sangre pegado al brazo de mi hermana, me pude sentar. Mi cuerpo resbaló por la pared fría y cayó al piso. Débil, sucia, cansada, comencé a llorar. Muchas emociones, sensaciones, en pocas horas, me hicieron sentir pequeña, sentir el sabor amargo de la injusticia, el golpe bajo que da la vida: un látigo que te hace doblar las piernas y pedir de rodillas: piedad, misericordia.
Luego de 18 días, mi hermana está nuevamente en casa y con hemoglobina en 9.5. Ahorita solo esperamos resultados de una biopsia que nos dirá de qué tamaño es el monstruo con el que nos toca batallar próximamente. Mientras tanto, como familia, nos estamos amando, cuidando, riendo, sabiendo que debemos vivir un día a la vez. Estamos conscientes que somos débiles, que los golpes que hemos recibido nos han hecho flaquear, que tal vez esos mismos golpes nos hayan hecho desear no despertar, tirar la toalla, bajarnos del tren, pero aquí estamos: dando el alma por las personas que amamos aunque el dolor sea largo como ese pasillos de hospital y no deje de llover por dentro.