Hubo una época donde me dediqué a dar formaciones en crecimiento personal, cada encuentro era la posibilidad de enseñar a otros a estar atentos a lo bueno. Pero hasta los que formamos, alguna vez necesitamos conseguir el camino de vuelta, sobre todo si hemos llegado a lo más oscuro del bosque.
Así, que estos días la vida, dentro de todo me ha dado momentos para recordar que no todo es tan malo. Aunque como Camus, sigo sin conseguir un sentido o propósito, estoy tratando de crear uno a pesar de que creo que la vida como tal no tiene sentido.
De esta manera, esta semana, ajetreada y llena de idas y venidas a centros médicos con mi papá, me ha dejado sin tiempo, sin energía y sobre todo sin fuerza emocional para siquiera escribir. Y hoy, que vuelvo tras haber dormido unas horas por fin, quise compartir lo bonito, aunque mi mente lucha por deslastrarse de lo que no fue tanto, pero la práctica de hablar lo bueno, puede hacer que empecemos a ver más cosas buenas.
La historia:
El día martes tocaba llevar a mi papá a realizar unos exámenes, por suerte el laboratorio queda a dos cuadras, sin embargo, mi papá ha estado tan débil que le cuesta caminar, lo hace con ayuda pero es mucho más lento. Así que de ida nos llevó el amigo en su carro (GRACIAS), pero de regreso ya no tenía para el taxi, así que le pregunté a mi papá si creía que podía ir caminando poco a poco, así fuese muy lento.
El asintió y emprendimos la lenta marcha de dos cuadras hasta la casa. En el camino nos paramos varias veces por su difícultad respiratoria, y ya yo hace un tiempo venía pensando en que necesita una silla de ruedas para hacerlo más fácil. Había preguntado y nadie nada respuesta, solo de sitios de alquiler o compra, cosa que en este momento se hace imposible.
Seguimos caminando y unos metros antes de llegar, nos paramos en un muro pequeño y allí mi papá pidió sentarse. En ese momento me sorprendió una voz saludando:
-¡Hola, Viejito!-
Una señora salió de un kiosko de revistas donde mi papá hace unos meses cuando aún podía andar solo llegaba para comprar caramelitos.
La señora lo saludó con efusividad y le dió compasión verlo tan cansado tratando de caminar, yo no la conocía, sin embargo esto no fue barrera para que me explicara que había conversado con mi papá cuando él iba, y que su hija mayor tenía una silla de ruedas, que si no me importaba ella podía prestarla.
En ese momento salió una sonrisa de mí, una que no salía hace mucho, esa que nace de la certeza de que hay algo más grande que siempre te cuida. ¿En qué momento dejé de tener fe?
Para resumir, el esposo de la señora llevó la silla hasta la puerta de nuestra casa, la trajo de un pueblo llamado Duaca, que queda muy lejos, sin embargo lo hizo con mucho cariño. Y así, como pequeño o gran milagro teníamos la silla de ruedas para mí papá.
La señora volvió varias veces en el día para saber de mi papá, y yo sentí esa forma rma especial que tiene la vida de mostrarte que siempre hay "angelitos" que están allí aunque no te los esperas, y que la ayuda de Dios, el universo, la vida, el amor, como prefieras llamarlo; siempre llega de la forma en que menos lo imaginas.
Imágenes propias.
Ahora mi papá cuenta con una silla de ruedas, para que el tiempo de vida que le quede sea de la mejor calidad posible. De eso se trata los cuidados paliativos.
Y bueno, aunque no es tarea fácil, este evento me dió un zarandeo emocional para que esté más atentas a esas cositas buenas y bonitas que si ocurren, pero que he dejado de prestar atención por estar sumida en el abismo.
Gracias también a todos los angelitos de Hive que también van mostrándome lo bonito con su presencia. Esos que han tenido paciencia, que no juzgan y que comprenden que en estos procesos el tiempo no depende de nosotros.
P.D: Aún se sigue haciendo exámenes, quimios hormonales, tratamiento analgésicos e insumos médicos. Si quieres apoyar todo suma. 🤗😇💕
BINANCE ID: 95061698
Pago Móvil
04147914065 (sólo WhatsApp)
13652278
Provincial.
Información de soportes médicos por telegram .
Gracias por ser parte de este pedacito de mi vida.
Abrazo 🤗
Zully🍁