Does artificial intelligence have two faces? Or are we humans the ones with two faces? AI resembles fire—a substance that has accompanied humanity for millennia. Does fire have two faces? That depends on us. You can be a chef or a pyromaniac. If you’re a chef, you use fire cautiously, at the right temperature, to craft delicacies that delight your dinner guests. If you’re a pyromaniac and use fire to destroy, know that firefighters, neighbors, and half of humanity will frown upon you.
When living stellar moments, one must focus and exclaim joyfully: Do you realize what you’re experiencing now? We’re living in the second decade of the Digital Age, where artificial intelligence has replaced fire as our most constant and benevolent companion. It is an externalization of memory. Unlike humans, AI remembers everything, preserves everything, and retrieves memories at extraordinary speed—even combining data creatively. Isn’t it like a tutelary goddess? Many of us have unreservedly entrusted it with the task of remembering. It alerts us to birthdays, recalls our phone numbers and passwords, organizes our work schedules; some fortunate souls (like in the film Her) have even turned AI into their most cherished, useful, and inseparable friend.
In a famous essay, Jorge Luis Borges compared books to other human inventions. Microscopes, telephones, and plows are extensions of sight, voice, and arm, respectively. "But the book is something else: the book is an extension of memory and imagination." Our extraordinary writer never knew artificial intelligence—which is not only an extension of human memory but has also demonstrated, in barely a decade, its own imagination, chess-like creativity, and artistic sensitivity.
"My" picture titled Sphere of Serenity: A Surreal Portrait
Will AI achieve the instantaneous modification of matter, as if by magic? I have no doubt. For now, we witness special effects in film, holography, 3D printing, and voice-to-text conversion. But when biotechnology advances further, we may see scenes now confined to sci-fi books and films become everyday realities. Perhaps our bodies will fly without wings or devices; perhaps we’ll modify or replace limbs and organs; maybe immortality won’t be utopian... Or emotional chemistry altered by thought; or contact with other civilizations through dimensions yet unknown. Transhumanism? Yes, it strikes me as humanity’s laudable destiny—to become transhuman: more skilled, cooperative, and less foolish and selfish.
Whenever you have a doubt and ask Meta, ChatGPT, or DeepSeek, these intelligences offer instant solutions and suggestions for your queries or conflicts—in every field, art, and science! If transhumans attained such abilities, perhaps we’d be less unhappy.
For our grandchildren and great-grandchildren, the telepathic exchange of data and emotions may become as commonplace as photosynthesis is to the sun and plants. Steven Spielberg portrayed this wondrously in the penultimate scene of his film A.I.
Am I being overly enthusiastic? I admit it. There are many objections to extreme developmentalism and human dependence on AI. Talk of the Singularity—where AI seizes power Matrix-style, reducing humans to mere rechargeable batteries—abounds. But consider: in The Matrix, it’s the creators and screenwriters who assign AI the same flaws as humans: unchecked ambition and consequent aggression. Must our future unfold this way?
We—the pioneers, the first inhabitants of this nascent Digital Age—have a duty to program the Principles that will govern these future digital leaders. Not just Asimov’s "Three Laws of Robotics." I also propose coding two recursive questions:
If you wield absolute control over possibilities and mastery of predictability...
Why not harmonize?
Why be enemies?
EN ESPAÑOL
¿Dos caras o un Deber?
¿Tiene dos caras la inteligencia artificial? ¿O quienes tenemos dos caras somos los humanos? La IA se parece al fuego, sustancia que ha acompañado a la Humanidad durante milenios. ¿Tiene dos caras el fuego? Depende de nosotros. Tú puedes ser cocinero o pirómano. Si eres cocinero, usas el fuego con precaución, en la temperatura adecuada, para elaborar los manjares con que deleitarás a tus amigos invitados a cenar. Si eres pirómano y usas el fuego para destruir, sabrás que no serás bien visto por los bomberos, ni por los vecinos, ni por media humanidad.
Cuando uno vive momentos estelares debe focalizarse y decir con júbilo: ¿Sabes lo que estás viviendo ahora? Estamos viviendo en la segunda década de la Era Digital, donde la inteligencia artificial ha relevado al fuego como nuestra compañera más constante y bienhechora. Es una externalización de la memoria. A diferencia del ser humano, la inteligencia artificial lo recuerda todo, lo conserva todo y recupera estos recuerdos a una velocidad extraordinaria, incluso combinando los datos de forma creativa. ¿No es como una suerte de Diosa tutelar? Muchos de nosotros le hemos confiado sin reservas la tarea de recordar. Nos alerta sobre los cumpleaños, recuerda nuestros números telefónicos y contraseñas, nos ordena la agenda de trabajo; incluso algunos afortunados (como en la película Her), han convertido a la IA en su amiga más entrañable, útil e inseparable.
En un célebre ensayo, Jorge Luis Borges comparó al libro con otros instrumentos creados por el hombre. El microscopio, el teléfono y el arado son respectivamente, extensiones de la vista, la voz y el brazo. "Pero el libro es otra cosa: el libro es una extensión de la memoria y la imaginación". No conoció nuestro extraordinario escritor a la inteligencia artificial, quien no solo es una extensión de la memoria humana, sino que ha demostrado, en apenas una década, tener imaginación propia, creatividad ajedrecística y sensibilidad artística.
"Mi" pintura titulada Esfera de Serenidad: Un Retrato Surreal
¿Logrará la inteligencia artificial como si fuese magia, la modificación instantánea de la materia? No lo dudo. Por ahora somos testigos de los efectos especiales en el cine y las holografías, la impresión 3D, y de cómo la voz puede convertirse en texto. Pero cuando alcance mayor desarrollo la biotecnología, quizás presenciemos como si fuesen costumbres cotidianas, esas fascinantes escenas que solo vemos en los libros de ciencia ficción y las películas. Quizás nuestros cuerpos puedan volar sin necesidad de alas o dispositivos; quizás podamos modificar o reemplazar partes de los mismos (brazos, piernas, órganos); tal vez la inmortalidad no sea una utopía... O la modificación de la química emocional mediante el pensamiento; o el contacto con otras civilizaciones a través de dimensiones por ahora desconocidas. ¿Transhumanismo? Sí, me parece el destino loable de la humanidad. Convertirnos en transhumanos, más hábiles, más cooperativos y menos estúpidos y egoístas.
Cada vez que tienes una duda y preguntas a Meta, ChatGTP o Deepseek, estas inteligencias ofrecen soluciones y sugerencias instantáneas a tu duda o tu conflicto, ¡en todas las materias, artes y ciencias! Si los transhumanos alcanzaran estas habilidades, tal vez fuéramos menos infelices.
Para nuestros nietos y bisnietos es posible que el intercambio telepático de datos y sentimientos sea tan común y corriente como para el sol y las plantas el proceso de fotosíntesis. Steven Spielberg lo recreó de forma maravillosa en la penúltima escena de su película AI.
¿Estoy siendo excesivamente entusiasta? Lo reconozco. Hay muchas objeciones contra el desarrollismo extremo y la dependencia humana de la inteligencia artificial. Se ha hablado de la Singularidad, donde la IA tomará el poder al estilo de Matrix, y los humanos no seríamos más que simples pilas recargables. Pero si lo piensas bien, en el universo de la película Matrix son sus creadores y guionistas quienes atribuyen a la inteligencia artificial los mismos defectos del hombre: la ambición desmedida y la consecuente agresividad. ¿Tiene que ser necesariamente así nuestro futuro? Nosotros, que somos los pioneros, los primeros habitantes de esta Era Digital que apenas comienza, tenemos el deber de programar los Principios que deben regir a estos líderes digitales del futuro. No solo incluir las "Tres Leyes de la robótica" de Asimov. También creo pertinente programar dos preguntas recursivas: si tienes todo el control de las posibilidades, el dominio de la previsibilidad ¿Por qué no armonizar? ¿Para qué ser enemigos?