Por: Marlon Zambrano
Diseño de la imagen y banners: Sol Roccocuchi
Con la base de una fotos de freepik con edición digital en photoshop
Las ciudades son falocéntricas, la lucha es antihegemónica y Caracas es puta y machista a la vez, el yin y el yan navegando en el caos.
Quizás no lo sabe Farruco Sexto (ex ministro de cultura) pero su famoso obelisco (El Faluco) enclavado en el corazón de la plaza El Venezolano, probablemente proyectó por intuición un símbolo definitivo del machismo en la ciudad.
La ciudad violenta hace temer por sus mujeres. Pero las feministas no le dan sosiego: A Caracas -casi- la tienen vencida. Ruda y sensual, sin embargo ella la aman y la defienden con los ovarios.
Y se cuidan entre ellas. Al menos, así reza uno de sus lemas de batalla en los espacios donde desarrollan propuestas de participación política e intervención cultural, que no es su único cuadrante de lucha. También despliegan talleres de género y familia, jornadas culturales, acompañamiento legal, seguimiento de casos de violencia doméstica, terapias, mano amiga.
Dicen las feministas que si bien han avanzado en socializar algunos aspectos de sus banderas, persiste una fuerte presencia del micromachismo que se traduce en piropos y chistes excesivos, hasta palpables actitudes misóginas y el asedio a la mujer en algunos espacios de trabajo, desde lo institucional hasta lo privado. Aparte, hay una presencia muy fuerte en el barrio como un patrón normalizado en nuestra sociedad.
“Hace falta sensibilizar mucho más a la gente con relación a la mujer, porque las ciudades están planificadas desde un punto de vista fálico” explican las mujeres en sus programas reivindicativos.
“Claro que la ciudad es totalmente machista” critican abiertamente. “Pero hay un avance del feminismo, poco, pues somos un pequeño grupo de mujeres tratando de imponernos frente a ese monstruo que nos quiere opacar” rematan.
Ni dios, ni patrón, ni marido
Se rebelan: insurrectas, cimarronas, deslenguadas, desafiantes. “Ni dios, ni patrón, ni marido” decía el lema de cabecera del periódico argentino La voz de la mujer, a finales del siglo XIX, que luego repetirían a viva voz las anarquistas de la España republicana.
Y se expresan con vehemencia al sentirse vulneradas. Desde la voz que se queda sin aliento por el grito, hasta el murmullo metafórico que recoge su angustia en la palabra. Con el verbo encendido y la acción militante se visibilizan en una ciudad, un país, un sistema- mundo que las prefiere marchitas, o muertas, así su corazón se agite con desenfreno. Como ellas, las que nos hablan desde el siguiente breviario de pétalos de acero que claman por ser escuchadas desde distintos tiempos y espacios pero con la misma vocación de libertarias.
MIYÓ VESTRINI (POETA)
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Marie-Jose Fauvelles Ripert (Miyó Vestrini) calza perfectamente con un estereotipo que, de no llegar a un desenlace consecuente, podría terminar en impostura: la poeta suicida.
Jamás ocultó su vocación. Su obra, compuesta por tres poemarios publicados en vida y un texto póstumo y versos inéditos, recogidos todos en varias recopilaciones incluyendo la de Monte Ávila Editores de 2008, está salpicada de violentos, lacerantes e insondables coqueteos con la muerte: “… la espiral la muerte el mercado la vecina los golpes el teléfono las facturas la casa
Y grita”.
Nacida en Francia en 1938 y emigrada a Venezuela con su familia, cobijaba varias angustias: una cólera inmensa hacia su padre, sus excesos de peso, las marcas de una quemadura de infancia sobre su cuerpo, una disritmia cerebral que le producía sorpresivos arranques de furia, un ojo caído que ocultaba detrás de sus inmortales lentes culo de botella, el alcoholismo.
El otro asunto es que era mujer y eso, en una sociedad como la nuestra y en su época, era un factor decisivo para los estigmas. Se convirtió en una reconocida redactora cultural, consiguiendo el premio nacional de periodismo de los años 1967 y 1979.
Con 53 años, en 1991, tras varios intentos que fueron preparando la escena, se quedó dormida definitivamente tras ingerir abundante Ritrovil. Estaba en casa. Sobre la bañera su cuerpo vestido y calzado, dos notas como epitafios, a su lado una estampita de San Judas Tadeo y en el tocadiscos, un LP de Rocío Durcal.
LILIA VERA (CANTANTE)
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Esa voz que es la matria, que es el susurro oculto de la mujer que siembra y alimenta a sus hijos, y del hombre que fluye por entre la fronda del mar para multiplicar los panes y los peces. Ese trueno que deslumbra sobre los piélagos de la noche para estremecer la quietud de los cuerpos cansados. Ese silbido yekuana y carabalí de inflexión mestiza. Ese grito, sol de coral al alba y luna empedrada al ocaso. Saetas de lluvia como mariposas, desde su boca de aleación de barro hacia los deltas del Arcornocal. Inmortal Doña Bárbara en un carro de aguas claras, apremiada por acariciar esta raza quimérica del siglo XXI, como estos kariñas que somos, estas valquirias. La voz, chubasco del Capanaparo, riada del Yuruari, olvido de Achaguas. Grave o aguda, como crisálidas doradas en la noche larga de los pueblos, para que al amanecer destellen candiles mecidos por el aliento alegre de los resucitados. Hay cantos que son elegías y cantos disparo. Su voz es la conciencia de un pueblo altivo en su porfía, es la mueca insolente de los que no se dejan marchitar por el paso del tiempo ni el agasajo de las ofrendas de oropel. Lilia le canta al paisaje y al alma, desde los ecos de Otilio y de Luis Mariano. Junto a ellos, un país entero minado de coplas e inspiración que arrebata el pecho con una alquimia que cuesta tanto: la dignidad.
KATHIE HERNÁNDEZ (COMEDIANTE/LOCUTORA)
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Insolente, descreída. Anda desde hace tiempo diciéndonos qué nos depara el futuro. La cosa es que nos reímos de sus ocurrencias y no atendemos a su llamado lleno de sabiduría. Frente a la pandemia originada por el Coronavirus, su voz se tensa y su irreverencia se ceba sobre la nueva normalidad, mientras la vieja sigue dando aletazos de ahogada.
Coromotto (nombre artístico) se describe como una venezolana que vive en Caracas y tiene relaciones sexuales en ella y con ella.
“Soy comediante de la vida y escritora de sueños mojados, a veces todo el tiempo le tomo fotografías a la ciudad y a la incomodidad que ella genera, he escrito para medios digitales a través de marcas, actualmente soy host y locutora de Improsession hot live music en Hot94 FM y tengo una cápsula llamada ‘Líneas Analógicas’ en el programa Háblame Afro en RNV”.
Es Kathie Hernández, una negra portentosa que se lanza de frente a interpretar los designios que los arcanos han decidido para esta ciudad en medio del miedo. Pero habla, sin tapujos, en nombre propio y el de una generación agotada de esperar el fin, o de verlo venir con tanto disimulo, con fachada de reclamo bíblico, de decreto presidencial para la higiene pública.
"Soy basura, escritura, notas olvidadas y manchadas de café. No te enamores. soy tu mamá” se presenta en Facebook, donde ha cosechado una extensa logia de seguidores fieles que le aplauden la gracia, casi siempre, breves cavilaciones de la vida, de lo sagrado y lo profano, sin demasiada coherencia ni lógica, como la vida misma.
Excita con facilidad las risas de los demás, imberbes cautivos que permanecemos atrapados en las redes digitales, ahora más que nunca maniatados por la orden expresa de mantenernos en casa y la necesidad de socializar de la forma que sea, en una carrera desmesurada por el protagonismo virtual, para que se sienta que también existimos en los bytes, donde ella navega cómodamente a través de sus redes.
¿Le tienes miedo al virus? - le preguntamos a propósito de la pandemia.
No, no le tengo miedo al virus, de hecho, me masturbo sin guantes y sin tapabocas.