VERSION EN ESPAÑOL.
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¡Hola! Qué bien volver a encontrarnos en este espacio defensor y apoyo constante del buen arte.
Ya les conté y les dejé constancia de una exposición en el Centro Provincial de Arte de Ciudad Habana, en la esquina donde se cruzan las importantes calles de La Habana Vieja: Luz y Oficios. Les recuerdo que se inauguró el pasado día 28 de enero, exactamente un mes atrás, en homenaje a José Martí, el héroe nacional.
De la muestra en sentido general y de la curaduría, traté en aquel post, pero en esta ocasión llego a ustedes a través de la pieza presentada por Leo de Lázaro, para mí uno de los artistas más polifacéticos de la actualidad en las artes visuales cubanas.
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Y no estoy tratando de armar un panegírico edulcorado alrededor de este artista, que viene además de una estirpe de portentosos creadores. Simplemente doy fe de lo que realmente es: un excelente creador, laborioso e infatigable, además de una persona muy sensible con el arte y con todo lo que le rodea, y por supuesto, incluyendo a las personas de su amplio círculo de relaciones. Pero bueno, aquí venimos a hablar más de la obra que del autor.
La propuesta estética del maestro Leo de Lázaro para homenajear a Martí llama rápidamente la atención, pues además de estar instalada casi en el centro de la sala mayor, es una instalación en la que el artista, sin muchas complejidades típicas de este género de piezas, logra transmitir, como un flashazo, la idea de un Martí desacralizado y accesible a todos.
La propuesta instalativa es sencilla y transparente, pues con solo una cabeza modelada y fundida en yeso del apóstol, ubicada sobre un pequeño volumen, y una ventana doble con su cristalería y todo, colocada detrás de la cabeza del apóstol, pero suspendida con cordeles desde el techo del local, para colocarlas al nivel de observación de los espectadores, logra atrapar la mirada y el interés del espectador en medio de las vorágines de propuestas, estilos y modos personales de interpretar la vida y obra del más universal de los cubanos.
La cabeza es parte de una serie de mediano y pequeño formato que Leo, quien es escultor por antonomasia, ha modelado en estos últimos años con una visión personal y atípica de la fisonomía del apóstol, que riza con lo caricaturesco, pero que emana lirismo a la vez que nos parece cuestionadora y retadora.
El ceño fruncido y el lado derecho del rostro segmentado al modo de una clase de método de estructura, y la cabellera en forma de cresta de gallo o de llamas de fuego le aportan una rara sensación de inconformidad desde el yeso. La parexia de principio, que la instalación era solo un conjunto de piezas para el puro disfrute estético, hasta que el propio autor rompió la sacralidad y empezó a interactuar con su obra, asomándose por una de las hojas abiertas de la ventana colgante y, a la vez, invita a otros a que hicieran lo mismo, además de tocar la cabeza de yeso del héroe nacional desde cualquier posición, incluyendo desde las ventanas, en una especie de juego o intercambio de energías entre arte y espectador.
Otro ejemplo de esa interacción lo demuestra la participación del propio autor de la obra, integrándose él mismo a su creación y provocando que los demás lo imiten en el proceso de desacralización de la imagen social, política e ideológica del héroe.
Leo de Lázaro ha tomado para su obra solo tres elementos discursantes: la cabeza modelada, la ventana y el propio espectador.
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Esta pequeña instalación en la densa muestra colectiva para honrar a José Martí, donde participaron cerca de setenta artistas de la capital y otras provincias, nos pone a interactuar con el homenajeado en el nivel más accesible y cotidiano, sin barreras ni protocolos.
Gracias por acompañarme una vez más. Nos vemos en el próximo post.
Texto original de mi autoría.
Todos los derechos reservados ©
ENGLISH VERSIÓN.
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Hello! How good to meet again in this space that defends and constantly supports good art.
I already told you and left you aware of an exhibition at the Provincial Art Center of Havana City, on the corner where the important streets of Old Havana intersect: Luz y Oficios. I remind you that it was inaugurated last January 28, exactly one month ago, in homage to José Martí, the national hero.
I discussed the exhibition in a general sense and the curatorship in that post, but on this occasion I come to you through the piece presented by Leo de Lázaro, for me one of the most versatile artists currently in the Cuban visual arts.
And I am not trying to put together a sugarcoated panegyric around this artist, who also comes from a lineage of wonderful creators. I simply attest to what he really is: an excellent creator, hardworking and tireless, as well as a very sensitive person with art and everything that surrounds him, and of course, including the people in his wide circle of relationships. But well, here we come to talk more about the work than the author.
The aesthetic proposal of the teacher Leo de Lázaro to pay tribute to Martí quickly attracts attention, because in addition to being installed almost in the center of the main room, it is an installation in which the artist, without many complexities typical of this genre of pieces, manages to transmit, like a flash, the idea of a desacralized Martí and accessible to all.
The installation proposal is simple and transparent, because with only a modeled and cast plaster head of the apostle, located on a small volume, and a double window with its glassware and everything, placed behind the apostle's head, but suspended with strings from the ceiling of the premises, to place them at the observation level of the spectators, manages to capture the gaze and interest of the spectator in the midst of the whirlwind of proposals, styles and personal ways of interpreting the life and work of the most universal of Cubans.
The head is part of a medium and small format series that Leo, who is a sculptor par excellence, has modeled in recent years with a personal and atypical vision of the apostle's physiognomy, which borders on the caricature, but that emanates lyricism at the same time that it seems questioning and challenging.
The frowning brow and the right side of the face segmented in the manner of a kind of structural method, and the hair in the shape of a rooster's crest or flames of fire give him a rare sensation of dissatisfaction from the plaster. The couplexia at the beginning, that the installation was just a set of pieces for pure aesthetic enjoyment, until the author himself broke the sacredness and began to interact with his work, peering through one of the open leaves of the hanging window and, at the same time, inviting others to do the same, in addition to touching the plaster head of the national hero from any position, including from the windows, in a kind of game or exchange of energies between art and viewer.
Another example of that interaction is demonstrates the participation of the author of the work himself, integrating himself into his creation and causing others to imitate him in the process of desacralization of the social, political and ideological image of the hero.
Leo de Lázaro has taken only three discursive elements for his work: the modeled head, the window and the viewer himself.
This small installation in the dense collective exhibition to honor José Martí, where nearly seventy artists from the capital and other provinces participated, It makes us interact with the honoree at the most accessible and everyday level, without barriers or protocols.
Thank you for joining me once again. See you in the next post.
Original text by me.
All rights reserved ©