
No es de oro.
Es de leche nocturna,
de memoria de marea.
No alumbra: acaricia sombras,
presta luz para confesiones.
Su reinado es blando:
gobierna lo cíclico,
lo que nace y se desvanece.
Es espejo de claroscuros,
maestra de fases.
Acepta su lado oscuro
para brillar con luz prestada.
No compite.
Solo es:
la grieta plateada
en el muro del cielo,
el suspiro necesario
entre tanta luz gritada.
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