Hoy escribo por primera vez en este espacio que ya siento como casa, soy
Agradezco con el alma a @CELFMagazine por la lectura generosa de mis palabras, por la invitación amorosa y por sostener una comunidad donde el arte tiene cuerpo, alma y voz.
Vengo a compartir mi verdad, mi temblor, mi latido.
Este texto forma parte de un hilo de 30 días de escritura íntima y reflexiva que he llamado "30 días de florecer".
Hoy es el Día 10.
Y mi alma sangra y florece en lo mismo.
La herida también escribe
No sé en qué momento empecé a hablar desde la herida.
Tal vez fue el día que nadie escuchó.
O la noche en que sostuve el mundo con los dientes apretados y el alma en cuclillas.
Hay dolores que no se nombran,
se arrastran.
Hay silencios que no se olvidan,
te escriben desde adentro.
La herida también es palabra.
No grita, pero tiembla.
No canta, pero vibra.
No cura, pero revela.
Escribo con lo que me falta,
con lo que no volvió,
con lo que todavía duele al tocar.
A veces soy costura.
Otras, desgarradura fresca.
Y sin embargo,
cada letra que dejo caer
es una flor naciendo del escombro.
No soy la mujer que superó todo.
Soy la que a veces no puede levantarse,
pero igual escribe.
No vine a mostrarme entera,
vine a mostrarme real.
No quiero ser fuerte,
quiero ser libre.
Libre para llorar mientras escribo,
libre para temblar mientras florezco,
libre para no tener respuestas,
y aún así, dejar mi trazo en el mundo.
Mi herida no es bandera,
pero tampoco es vergüenza.
Es raíz.
Es tinta.
Es verdad.
Porque lo que callamos nos enferma.
Y lo que escribimos…
nos salva un poco.
Y escribo esto también por vos.
Que llegaste hasta aquí con el corazón lleno de preguntas.
Que estás cansada y no sabés si vas bien, si es por acá, si es suficiente.
Que llorás en la ducha para que nadie te vea.
Que sostenés a todos, pero te olvidás de vos.
Que dormís con insomnios viejos,
y despertás con una sonrisa rota,
pero salís igual.
Lo sé.
Te veo.
Te entiendo.
No por empatía, sino porque he estado ahí.
Porque a veces todavía estoy.
A vos, que creés que tu sensibilidad es debilidad,
te digo:
tu sentir es sagrado.
Tu lágrima sabe.
Tu cuerpo guarda.
Tu alma recuerda.
A vos, que escribís sin saber si alguien lee,
que hablás y el eco es tu única respuesta,
te digo:
no estás sola.
Aquí estoy yo,
abierta, temblando,
pero escribiendo igual.
Porque esta herida también busca consuelo,
y en la escritura encuentra tregua.
Gracias por leerme.
Gracias por sentir conmigo.
Gracias por dejar que esta herida también escriba. Con cariño
La imagen que acompaña este texto fue tomada de Unsplash.com, una plataforma de fotografías de libre uso.
No la elegí por casualidad.
Me detuve en ella porque dice sin palabras lo que también intento decir :
Flores que han caído, pero no han perdido su belleza.
Pétalos en el suelo que no son desecho, sino testimonio.
Lo roto, lo herido… también florece.
Sobre el concreto frío, todavía hay brotes de vida.
Y eso somos muchas veces las mujeres:
heridas que escriben, belleza que se resiste a desaparecer.