Hoy, en el Día de la Juventud, cuando nuestros estudiantes y la sociedad venezolana se pronuncian por su libertad, quise escribir este ejercicio literario, al modo de prosa poética. Me perdonan lo declarativo.
“Florecemos en un abismo”, escribió el poeta Rafael Cadenas. En el filo del despeñadero hemos caminado tantas veces. El dolor y la incertidumbre han echado raíces en la erosionada tierra, en las grietas. De ellas ha nacido, callada y anónima, una flor, quizás no la “flor azul” de Novalis o “la flor de oro” del budismo zen. Pero no estamos tan lejos.
Dicho sin giros, la libertad es nuestra flor. Quizás una humilde caléndula del desierto, una manzanilla, o un pequeño cactus. Pero es el brote de la vida que no se deja someter o negar. Emergerá siempre, aunque las calamidades las socaven, las acosen, las martiricen… Y, pese a todo, nuestro florecer incluso en el abismo se realizará.
