Sin duda, el movimiento surrealista, entre las vanguardias artísticas europeas que trastocaron y renovaron el arte a comienzos del siglo pasado (entre 1910 y 1930), es el que tuvo mayor influencia internacional, en particular, en América.
Siempre se le adjudica a André Breton el impulso de ese movimiento, y se deja a un lado a otro escritor francés de gran valor: Philippe Soupault, a quien dedico este post.
Philippe Soupault jugó un papel muy importante en el impulso vanguardista. Comenzó con el dadaísmo, uno de los más radicales, donde estuvo con André Breton y Louis Aragon. Luego creó con Breton el surrealismo, aunque, por diferencias con este, luego considerado como una especie de “dictador”, se separó del movimiento (se dice que Breton lo expulsó, como hizo con otros, quizás como consecuencia de la influencia sectaria socialista con la que Breton se identificó).
Soupault fue muy prolífico, tanto en poesía como en otros géneros literarios (teatro, novela, ensayo). En 1919 realizó con Breton la primera experiencia escrita de la llamada “escritura automática”, una propuesta surrealista que consistía, en lo fundamental, en escribir al azar y sin ningún control racional. Esa experiencia se recogió en el libro Los campos magnéticos.
Luego de la desvinculación del surrealismo oficial, Soupault siguió escribiendo, sin duda, con la perspectiva y estilo que la transgresión y renovación había iniciado.
A continuación, uno de los poemas de Soupault con los que me identifico:
Hacia la noche
Es tarde
en la sombra y en el viento
un grito asciende con la noche
No espero a nadie
a nadie
ni siquiera a un recuerdo
Hace ya tiempo que pasó la hora
pero ese grito que lleva el viento
y empuja hacia adelante
viene de un lugar que está más allá
por encima del sueño
No espero a nadie
pero aquí está la noche
coronada por el fuego
de los ojos de todos los muertos
silenciosos
Y todo lo que debía desaparecer
todo lo perdido
hay que volver a encontrarlo
por encima del sueño
hacia la noche.
Este poema de Soupault, que seguramente escribiera ya lejos del influjo dominante del surrealismo (aparece como Poesías completas de 1937), es un hermoso canto a la noche, ese motivo que nos reveló el romanticismo como esencial en la poesía.
Está hecho de una tesitura completamente nostálgica, aunque nos llama al reencuentro con el sentido de volver a vivir en nosotros tal experiencia sensitiva. Como si fuera un sueño nocturno, en el cual, pese a la soledad del acto, nos interrogamos, la voz poética nos motiva a seguir.
