Hace 130 años –18 de febrero de 1896– nació en Francia André Breton, quien fuera el fundador y líder principal del Surrealismo, quizás el movimiento vanguardista que más ha influido a la literatura occidental desde que surgiera en la segunda década del siglo XX.
Más allá de ser autor de los manifiestos surrealistas y editor de las revistas que lo representaron, escribió varias publicaciones individuales o en colaboración. Entre las primeras podemos mencionar: Los pasos perdidos (1924), Nadja (1928), Miseria de la poesía (1932), Los vasos comunicantes (1932), El aire del agua, El amor loco (1937), Antología del humor negro (1940) y Arcano 17 (1947). En colaboración con Philippe Soupault, Los campos magnéticos (1920), con Paul Eluard La Inmaculada Concepción (1930), entre los más relevantes.
Hace unos años, dentro de una sección acerca del Surrealismo, publicada en esta plataforma, incluí un post donde me detuve en cuatro grandes poetas surrealistas; allí dediqué, como es de suponer, un espacio a André Breton, en el que reproduje y comenté brevemente uno de los más representativos poemas suyos: “Unión libre”. Pueden visitar ese post en este enlace.
En esta ocasión, les entrego otro de sus más atractivos poemas, que ya por su título pueden intuir su contenido.
EL MARQUÉS DE SADE…
El marqués de Sade ha vuelto a entrar en el volcán en erupción
De donde había salido
Con sus hermosas manos todavía ornadas de flecos
Sus ojos de doncella
Y ese permanente razonamiento de sálvese quien pueda
Tan exclusivamente suyo
Pero desde el salón fosforescente iluminado por lámparas de entrañas
Nunca ha cesado de lanzar las órdenes misteriosas
Que abren una brecha en la noche moral
Por esa brecha veo
Las grandes sombras crujientes la vieja corteza gastada
Que se desvanecen
Para permitirme amarte
Como el primer hombre amó a la primera mujer
Con toda libertad
Esa libertad
Por la cual el fuego mismo ha llegado a ser hombre
Por la cual el marqués de Sade desafió a los siglos con sus grandes árboles abstractos
Y acróbatas trágicos
Aferrados al hilo de la Virgen del deseo
Este poema, incluido en su libro El aire del agua, nos confirma la relevancia que tuvo el amor y el erotismo en la poesía de Breton, pero siempre desde una perspectiva nada convencional, más bien audaz y arrojada, y en la línea de la imaginación libre que se planteó el Surrealismo.
La incorporación de la referencia al Marqués de Sade es ya un gesto de libertad y de actitud desprejuiciada, que revaloriza a la figura tan mal tratada o ignorada del escritor libertino francés del siglo XVIII. Su representación, que es presentada con finas y sensoriales imágenes, funciona como una especie de inspiración y estímulo para afrontar la traba moral que despliega la poetización del amor carnal con la amada mujer del hablante, que se presenta en una suerte de segunda parte del poema.
En ella, el amor se ofrece como un acto prístino de libertad, "como el primer hombre amó a la primera mujer”.
Referencias:
Pelegrini, Aldo (1981). Antología de la Poesía Surrealista. España: Edit. Argonauta.
https://ciudadseva.com/autor/andre-breton/
