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Francisca suspiró con una mezcla de desesperación, frustración e ironía.El internet de la biblioteca estaba fallando por quinta vez en menos de una hora. La señal estaba ahí, pero no conectaba; de repente desaparecía, como si nunca existiera.
Esa falla ya tenía días; no era la primera vez que sucedía, y tampoco la primera vez que se reportaba con los encargados de la biblioteca, quienes a su vez tenían que batalla con el área que tenía a su cargo todo lo relacionado con la contratación de servicios para que pudieran comunicarse con el proveedor.
Francisca recordó que el año anterior sucedió una situación similar; el problema tardó en arreglarse por situaciones fuera del control de los bibliotecarios, así que lo único que podía hacer al respecto es esperar y aprovechar el tiempo realizando tareas que se podían hacer fuera de línea.
