Nota de la autora: Esta melodía está inspirada en la nueva canción de la banda de metal gótico Blackbriar, titulada Crimson Faces.
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Nunca antes había estado en una mascarada. De hecho, no tenía ni idea de su existencia.
Y sin embargo, sé que estuve aquí antes.
Es un sentimiento que no puedo describir con exactitud. No sé... La música, el colorido del vestuario y las máscaras poseen una belleza que parece salida de alguna novela de corte paranormal, llenándome de una nostalgia tan intensa que amenaza con sacarme lágrimas.
¿Acaso en otra vida conocí a toda esa gente que me observa con curiosidad?, ¿o quizás todas son suposiciones mías?
Miro a mi alrededor antes de pararme en uno de los tantos pilares que rodeaban el gran salón. Observo el espectáculo que presentan ante mis ojos; cada paso, cada salto sincronizado, perfecto.
"¿Quién eres?", escuché que me preguntaran.
Me volví hacia mi interlocutor... Y me quedé sin aliento.
Era el hombre más bello que haya visto en mi vida. Alto, de cabellera negra corta, piel bronceada, discreta musculatura y penetrantes ojos castaños con un toque dorado. Sus atavíos consistían en un smoking negro, el cual hacía juego con la máscara que portaba. Había algo en él que me era terriblemente familiar, una suerte de conexión que parecía renacer. Dios, ¿acaso estaba viviendo un sueño? Porque si es así, por favor que no me despierten, pensé mientras que, con timidez, me presenté:
"M-mi... Perdón. Mi nombre es Sophia Baron".
"¿Cómo entraste aquí?"
"¿Eh? Bueno, yo vi a mucha gente entrar aquí mientras caminaba por la carretera. Una larga historia. Creí que era una fiesta rave, pero veo que me equivoqué".
Me contempló incrédulo, como si no creyera una palabra de lo que le dijera. Le expliqué entonces lo que sucedió desde hace unos tres días atrás. Había venido a esta parte de los Cárpatos a pasar las vacaciones en compañía de mi novio y su familia. Debo confesar que no tenía idea de que no gozaba de la simpatía de su madre, una mujer con ínfulas típicas de gente con mucho dinero. Nunca le falté el respeto a nadie ni me comporté como una engreída; siempre fui muy honesta y no sentía la necesidad de impresionar a nadie.
Mi novio lo sabía bien, y esa señora también, quien me trató bien a pesar de ser de distinta clase social.
Al principio creí que solo habían ido a comprar víveres en el pueblo cercano, pues me dejaron durmiendo en el sillón de la habitación. Desde eso ya había pasado tres días. Temí que pudo haber pasado un accidente o algo de lo que no estaba enterada, así que me puse a investigar por teléfono todos los hospitales de las comunidades vecinas sin éxito; incluso llamé a sus teléfonos personales, pero me llevo la sorpresa de que me enviaban a buzón de voz.
Para colmo, me tienen bloqueada de las redes sociales. A partir de ahí, me puse a rememorar lo que algunas de mis amigas me decían en la facultad en los meses previos al viaje. Todas me señalaron que no le agradaba ni tantito a la mamá de mi novio, y que el comportamiento que externaba delante mío no era de un amor maternal en sí. Al principio creí que eran suposiciones mías, pues mi novio era hijo único y había tenido un nacimiento difícil; ahora comprendo que esa mujer no veía en mi novio a alguien con quien compartía lazos de sangre.
Sin tener víveres, ropa, dinero y el bendito pasaporte, decidí aventurarme por el bosque en busca de algo que pudiera comer. Y fue deambulando que llegué a esa fastuosa residencia antigua que se alzaba imponente en las cercanías de la montaña, a donde vi que entraba gente con atavíos de fiesta no muy elegantes ni muy casuales.
Cuando terminé de contarle todo, el hombre preguntó cómo se llamaban esas personas. Cuando les dije sus nombres, bufó, y me replicó: "¿Por qué no me sorprende que fue ella?"
"¿Los conoce?"
"Los conozco de lejos. Nos han presentado, pero no he tenido el interés de continuar una relación con ellos, menos ahora con lo que te han hecho. Prácticamente me ha convencido de que los rumores que he escuchado por ahí son verdad".
Yo me lo quedé viendo, horrorizada ante la veracidad de sus palabras.
Entonces mi estúpido ex novio era un hijo de mami que, al no hacerle frente, decidió seguirle el juego una vez más. O sea, que encubre a su madre en toda clase de delitos en contra de cada chica que conoce.
"Jesucristo... ¡La maldita intentó matarme!", exclamé ante semejante realización.
El hombre rio a carcajadas y me respondió: "Velo por el lado amable: esquivaste una bala con él si pretendías casarte".
"Somos novios desde hace cuatro meses. Éramos. Cuando regrese a Inglaterra, voy a gritarle lo que pienso de él y de su maldita madre".
"¿Inglaterra? Creí que eras española".
"Bueno, mi mamá es española pero mi padre es británico. Nací en Londres".
"En este caso, puedo echarte una mano en la embajada. Tengo amigos ahí que me deben favores".
"¿En serio? ¡Muchísimas gracias, señor...!"
"¡Oh! Disculpa. No me he presentado".
Sacando de su saco una tarjeta, me la entregó y me dijo: "Me llamo Jacob Fairchild".
