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Lo primero que Justina pensó al sentarse a ver el video del sorteo trimestral era la certeza de que no ganaría el premio principal, aunque en el fondo del alma ella deseara que fuera así. Pero ella tenía que ser realista; la probabilidad de sacarse algún premio en algún sorteo era demasiado baja, por no decir de una en mil millones.
Por eso no permitió que la decepción se apoderara de ella cuando vio que ninguno de los números coincidía con el que había recibido de regalo en un sorteo anterior. Simplemente aceptó que toda esperanza se iba al carajo.
Eso le dejaba con una segunda opción: Vender todo el producto que le quedó de su negocio y reinvertir. ¿En qué exactamente, si la mayoría de los rubros están saturados? No lo sabía, pero ella exploraría. Tenía al menos cinco meses para reunir el dinero de la mudanza. Cinco meses para poder estabilizarse, cinco meses para poder hacer funcionar su pequeño negocio. Sabía que necesitaba otros dos ingresos, pero ya pensaría qué hacer después.
