Nota de la autora: El presente relato está inspirado en un video homónimo que publiqué hoy en mi canal de Notas Mitológicas.
Imagen editada con Canva. Fuente de la imagen: Pexels
Una mañana, Hefesto Giousdía entró a Ikea, una de las tiendas más populares del mundo. Ahí se podía encontrar de todo, desde muebles armables hasta televisiones de pantalla plana.
El objetivo era simple: Comprar tres colecciones de herramientas, una para préstamos, otra para uso personal y otra de repuesto. ¿Por qué tres y no uno? La respuesta era sencilla: Muchas personas no le han devuelto varias piezas de herramientas desde hace un año y medio. Esas personas o las perdieron en plena mudanza, por descuido o porque, en el caso de su hermano Hermes, hubo un fiestón en su casa y amaneció con la sorpresa de que le faltaron algunas cosas.
Recorrió los pasillos, agarrando primero el librero que su esposa Aglaya había encargado antes de salir de casa. Luego fue a la sección de herramientas. Buscó el juego de llaves, taladros, martillos, clavos de distintos modelos, y hasta libretas para bocetos.
Al llegar a la fila para pagar, empezó a revisar su celular para leer las noticias sobre los avances tecnológicos. De repente apareció un mensaje de Hermes.
El mensaje rezaba así:
¡Hola, Heffie! Oye, encontré tus taladros; Dioniso los había agarrado a saber por qué, pues estaba muy ebrio. Me los entregó con un olor sospechoso a vómito, así que los mandaré a limpiar y te los paso mañana por la mañana. ¡Saludos, compa!.
Hefesto soltó un suspiro. Entrecerrando los ojos, murmuró: "Borrachos... Siempre una historia con esos dos".
