Nota de la autora: El presente relato está inspirado en el mito griego de la Tifonomaquia, una guerra entre Zeus y Tifón, hijo de Gea y Tártaro.
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"¡¿Pero qué carajo le has hecho?!", exclamó Hades, horrorizado, al enterarse de los acontecimientos de la Tifonomaquia.
Zeus, mirándole con extrañeza, le preguntó: "¿Encerrarlo en el Tártaro?"
"¡¿Pero es que has perdido el juicio?! ¡Tifón no iba a atacar el Olimpo, idiota!"
"¿Ah, no?, ¿y a qué venía entonces al Olimpo si no era a tratar de destronar a Zeus? Según escuché por ahí, Gea lo engendró con tal de vengarse de él por lo de los Titanes", comentó Poseidón, también extrañado ante la actitud de su hermano mayor.
Hades se llevó una mano en la cara; al parecer nunca le dejaría de impresionar todo lo que Zeus, y en ocasiones Poseidón, hicieran con sus vidas. Hera, quien estaba sentada junto con Atenea, suspiró hondamente. Asentando su copa de vino, la diosa del matrimonio comentó:
"Tifón era el abogado de la abuela Gea, uno de los mejores de la Hélade en cuestiones de patrimonio; él estaba viendo un par de asuntos relacionados con unos terrenos en Atenas pertenecientes a Atenea, quien los donó para la construcción de una escuela. De hecho, era con ella con quien Tifón iba a entrevistarse".
"Y sin embargo, te dejaste llevar por los chismes de cierta señora cotilla que está tragando sus palomitas...", añadió Atenea con ironía.
"Yo solo dije lo que a mí me contaron. ¡No es mi culpa que no haya sido verdad!", exclamó en su defensa Feme, diosa de los rumores, los cotilleos y la fama.
"¡¿Quién coño te dijo que Tifón iba a atacar el Olimpo?!", le recriminó Hades.
"¡Oh! Un periodista llamado Hesíodo en su Gaceta de Atenas".
"¿Sí sabes que Hesíodo es solo un escritor, verdad?", replicó Calíope, una de las musas.
"¿En serio...?"
Mientras los presentes discutían sobre el giro dramático de los acontecimientos, Hermes entró a la gran sala con un mensaje en mano. El joven estaba pálido como un fantasma, lo que dio a entender a Zeus que el mensaje no sería nada agradable... Mucho menos si el mensaje provenía de la mismísima Gea, el cual rezaba lo siguiente:
¡Zeus Crone!, ¡cabrón embustero infeliz de pacotilla! ¡¿Se puede saber qué carajo fue eso de agarrarte a golpes con mi abogado, acusándolo falsamente de atacar el Olimpo?! ¿Eres idiota o qué coño te pasa? El pobre Tifón se presentó a mi casa todo vendado y con muletas; recién salió del Tártaro gracias a tus tíos, quienes lo conocían de antes y estaban demasiado apenados por el incidente tan estúpido que surgió por un chisme de por ahí.
Mañana a esta hora debe visitarte su esposa Equidna, también abogada y quien lo representará en la demanda en tu contra.
Y un último favor: Dile a Atenea que su hijo Erictonio pregunta por ella; el niño necesita ayuda con la tarea de matemáticas que le dejaron en la escuela.
