El año pasado estuve de viaje en un pequeño pueblo en Carolina del Norte, llamado New Bern. Ahí visité una cafetería (amo el café) que la vi muy acogedora, típica cafetería linda de pueblo sencilla, con unos cuantos juegos, con adornos de cosas antiguas, etc. Una de las cosas que tienen que me llamó muchísimo la atención y me encantó la idea, es que hay muchos libros donde puedes escribir. Escribir lo que sea, ya sea una idea, un pensamiento, una experiencia.. y habían historias de tantas persona diferentes de tantas partes del mundo. Unos escribían cualquier cosa, otros incluso cosas que no le mencionarías a un conocido. Habían cosas actuales y habían de años atrás.
Me dejó pensando en la necesidad que tenemos de dejar nuestra huella, una pequeña muestra de que estuvimos ahí. De que estamos presentes, estamos vivos. La necesidad también de desahogarnos muchas veces, incluso mejor haciéndolo con gente que no conocemos o dejando por escrito en un lugar donde nadie va a saber quien eres. Puedes escribir lo que quieras.
Obviamente, yo dejé mi mensaje. Justo estaba en unos días donde dudaba si estaba embarazada o no y dejé escrito algo sobre eso, donde algún día esperaba regresar y leer lo que escribí ese día. Lo que sentía y mis pensamientos del tema. El día que regrese le tomaré foto a lo que escribí y me acordaré todo lo que pasó por mi cabeza ese día.
Sería bonito que hayan más lugares que se sientan así de personales. Los recordamos de otra forma, con otros sentimientos y aún más.