We continue with our backpacks on our shoulders, as the prolific writer Camilo José Cela once did, and this time, recovered from the motivating circumstances of our visit to the princely town of Pastrana, we venture into a mountain village called Uceda, where the remains of what was once the imposing Romanesque church of Our Lady of La Varga still survive.
Commissioned in the 13th century by Archbishop Rodrigo Jiménez de Rada, who, along with Archbishop Martín de Hinojosa, participated in the Battle of Las Navas de Tolosa (1212), also known as the Battle of the Three Kings, and located on the outskirts of the village, along ancient pilgrimage routes, its austere, yet harmonious Cistercian style doesn't seem to guarantee that it belonged to the sister order of the Knights Templar, as has been claimed on numerous occasions.
Regardless of whether or not it had any connection to the Knights Templar, the fact remains that its designation as a Site of Cultural Interest was not enough to save it from ruin and abandonment. Although some of its original features, such as the main apse and the two smaller apses, with some crosses carved into its walls, now serve as a makeshift cemetery chapel, its sacred grounds holding the remains of local residents who may have once seen it in much of its original splendor.
Seguimos con la mochila al hombro, como hizo en su día el prolífico escritor, Camilo José Cela y en esta ocasión, recuperados de las motivadoras circunstancias que nos deparó la visita a la principesca villa de Pastrana, nos dejamos caer por un pueblo serrano, de nombre Uceda, donde todavía sobreviven los restos de lo que un día fue la imponente iglesia románica de Nuestra Señora de la Varga.
Mandada construir en el siglo XIII por el Arzobispo Rodrigo Jiménez de Rada, que, junto con el también Arzobispo Martín de Hinojosa participó en la batalla de las Navas de Tolosa (1212), conocida también como la batalla de los Tres Reyes y situada a las afueras del pueblo, en antiguos caminos de peregrinación, su austera, aunque armónica ejecución cisterciense, no parece ser garantía de haber pertenecido a la orden hermana de los caballeros del Temple, como así se ha asegurado en numerosas ocasiones.
Independientemente de que tuviera o no relación con los caballeros templarios, lo cierto es que tampoco fue suficiente la declaración de Bien de Interés Cultural para salvarla de la ruina y del abandono, aunque parte de su originalidad, como es el ábside principal y los dos pequeños absidiolos, con alguna cruz patada labrada en sus muros, sirvan ahora como improvisada ermita cementerial, acogiendo en su sagrado suelo los restos mortales de unos vecinos, que, posiblemente, alguna vez pudieron contemplarla con buena parte de su esplendor original.
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