Carta a mis compañeras y compañeros de trabajo:
Estamos finalizando un ciclo, este es un mes donde nos vemos y nos damos cuenta de que hemos sentido que la vida nos dio un giro inesperado y no como cuando nos cambian la fecha de una cita médica o cuando se avería el ascensor del trabajo y hemos subido y bajado a pie.
Esto es diferente, es algo que nos ha tocado a todos por igual, es esta situación de aislamiento que parece obligatorio. Nos hemos visto aislados de amistades, trabajo, familia, espacios de esparcimiento como playas, parques, cine, etc.
Parece que nos hemos aislado de lugares, personas y cosas cuando en realidad nos hemos alejado de posibilidades. Nos hemos sentido frustrados, agotados y pudimos en algún momento sentirnos al borde del colapso emocional, en salud y economía.
Nos hemos aislado de lo que ha significado la vida para nosotros. Eso nos ha sucedido a muchos. Estamos habitando un espacio desconocido, no sabemos qué hacer, han pasado meses, hasta que nos preguntamos ¿es esta la nueva normalidad?
También es cierto que al aislarnos de algo nos estamos acercando a algo más. Algo que por no haberlo considerado no era posible siquiera imaginarlo. Este momento histórico que vivimos nos trae a este espacio desde donde seguimos siendo libres, porque esta situación tampoco nos obliga a hacer algo aunque así lo parezca. Seguimos siendo irremediablemente capaces de decidir.
Hemos decidido continuar en nuestros trabajos, hemos decidido renunciar y cambiar de trabajo, hemos decidido continuar en pareja, separarnos, hemos decidido continuar viviendo, también hemos decidido no querer hacerlo más, hemos decidido parar, lo único constante es que seguimos decidiendo. Nos hemos reconocido en nuestros límites.
En estas nuevas posibilidades a las que nos hemos acercado, hemos descubierto nuevas capacidades en nosotros, volviéndonos una novedad para nosotros mismos. Estamos en duelo silencioso en muchos casos por la pérdida de una antigua normalidad que nos dejó huérfanos de una vida segura, fija, que parecía no amenazaba nuestra calidad de vida, según la consideración de cada uno de nosotros. Hemos descubierto cuán frágiles somos como sociedad, como individuos, nos hemos redescubierto, somos una nueva persona en un nuevo mundo.
Hemos sido capaces de sentir agradecimiento por las nuevas posibilidades que vemos y hemos aceptado. Hemos sido capaces de vivir lo que antes no imaginábamos, de reinventarnos frente a esta nueva normalidad.
Hoy descubrimos que esta nueva normalidad es una nueva forma de ver la vida, de vernos ante la vida. Con esta afirmación nos observamos: “Soy el resultado de mis decisiones y aquí estoy, no como un sobreviviente, sino como una expresión de la vida que se experimenta frente a nuevos escenarios. Soy una nueva persona y he crecido. Doy gracias por lo vivido, agradezco estos meses en que me he podido redescubrir cuando creí que ya nada podía sorprenderme. Soy parte de un hito en la historia de la humanidad, y junto a esta estoy reescribiendo la mía”.
Agradecer es la forma en que la vida trasciende, suelta agradeciendo y da la bienvenida a lo que seguimos creando.
La invitación es a cerrar este 2020 agradeciendo cuán capaces hemos sido y seguimos siendo, agradeciendo porque podemos.
Felices fiestas y así como al nuevo año demos la bienvenida a la nueva persona que decidimos ser.
¡Gracias!