A la edad de 70 años, todavía con un trecho de vida por recorrer, falleció el 13 de enero de 2018, el cineasta venezolano Diego Rísquez, autor de una obra cinematográfica de características singulares. Además de realizador, en cine Rísquez fue guionista, actor, director de arte y productor. Incursionó en el performance, el happening y otras formas de intervención artística no convencionales.
Rísquez inició su trabajo cinematográfico en la década del 70 en un formato accesible y cómodo para el momento: el Súper 8. Luego algunas de esas producciones las transfirió a 35 mm. Sus realizaciones primeras fueron Bolívar, Sinfonía tropikal (1979), Orinoco, Nuevo Mundo (1984), Amérika, Terra incógnita (1988). Luego, transcurridos algunos años, Manuela Sáenz. La libertadora del Libertador (2000), Francisco de Miranda (2006), Reverón (2011), El malquerido (2015), hasta donde sé, su última realización.
Hablemos un poco de la caracterización de su obra fílmica.
Rísquez, formado en la época de las rebeldías juveniles de los 60 y 70, en las búsquedas underground de ese tiempo, comenzó haciendo filmes de corte no convencional, en los que el discurso cinematográfico se regodea en imágenes casi fijas, construidas desde una técnica elemental, pero de gran calidad escenográfica y cromática. Y, sobre todo, desde una concepción que busca desmitificar, a la vez que disfrutar, de las imágenes-ideas establecidas, muchas veces tópicas y desgastadas, que pueblan el relato histórico oficial, el discurso pictórico difundido o aceptado, del imaginario cultural.
Un video de esa trilogía primordial.
Es la suya una mirada alegórica e irónica, a la vez, donde se parodia lo establecido o compartido socialmente, para abrir la brecha hacia una conciencia diferente. Así, por ejemplo, se recrea en las imágenes de Bolívar y sus hazañas, que podemos encontrar en ilustraciones de textos escolares, o en pinturas emblemáticas de Tito Salas, Arturo Michelena, Martín Tovar y Tovar, entre otros; igualmente, con la conquista y colonización, reabsorbiendo y parodiando el discurso de Colón y otros cronistas, fuente del llamado “realismo maravilloso”.
Esa línea, con los lógicos cambios que supone la evolución en un creador, estará presente en sus largometrajes de narrativa con tendencia convencional, donde habrá una historia contada de modo más usual. Continuará “reescribiendo” imágenes conocidas, pero transgredidas de algún modo, aun cuando parezcan ser restituidas. De ese modo puede verse su filme sobre Manuela Sáenz, pero de un modo particularmente atractivo en esa gratificante obra sobre el pintor Armando Reverón.
Aquí tráileres de estas dos:
Si bien no he podido ver su filme sobre el bolerista venezolano Felipe Pirela: El malquerido, su última realización, al parecer, esta, saliéndose un poco de lo que había hecho, retorna a su concepción de la cultura colectiva compartida (al menos para muchos venezolanos y latinoamericanos en general), y enaltece la figura del atormentado cantante, tan presente en la sentimentalidad caribeña.
Referencias:
https://es.wikipedia.org/wiki/Diego_R%C3%ADsquez
En el enlace siguiente pueden ver uno de los últimos videos grabados con Diego Rísquez, en el cual hace una retrospectiva de su obra:
Gracias por su lectura
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