Ojo: Esta reseña puede contener spoilers
Fuente de la imagen: Wikipedia
Seong Gi-hun es un hombre divorciado que vive con su madre y se encuentra sumergido en una vorágine de deudas debido a su adicción a las apuestas, al punto de que se ve obligado a firmar una especie de convenio en donde renuncia a los derechos sobre su cuerpo (es decir, se convierte en un donante involuntario de órganos). Un día, luego de enterarse de que su hija pequeña se marcharía con su madre y padrastro a Estados Unidos, se topa con un sujeto con apariencia de agente de ventas. Éste le propone jugar ddakji, que consiste en conseguir levantar la pieza del oponente. Al ganar el juego, el misterioso hombre le entrega una tarjeta con los símbolos del cuadrado, el triángulo y el círculo, así como un número telefónico.
Lo que Gi-hun no se imagina, al llamar a ese número, es que su vida estaría en juego.
Estrenado el 17 de septiembre de 2021, El Juego del Calamar (en coreano Ojing-eo Geim) es un drama de supervivencia coreano transmitido en la cadena de streaming Netflix. Escrita y dirigida por Hwang Dong-hyeuk y protagonizado por Lee Jung-jae, Park Hae-soo y Jung Ho-yeon, esta serie aborda temas que atañen a la sociedad en todos los aspectos, como la desigualdad socioeconómica, la hipocresía y la doble moralidad.
Debo admitir que esta serie me dejó estupefacta de principio a fin, no solo por la brutalidad y el sadismo con la cual se trataba a los que perdían los sucesivos juegos, sino por el alto rango de simbolismo que el autor de la serie utiliza en elementos aparentemente insignificantes.
Un ejemplo de ello es el uso de la música clásica cuando anuncian el inicio de los juegos. La música clásica siempre ha estado vinculada de forma coloquial a la clase alta, a la gente "culta"; sin embargo, en la serie se le otorga un significado bastante siniestro: es el anuncio de la muerte. Y si lo vemos más a fondo aún, nos damos cuenta de que la música clásica anuncia el fallecimiento de un personaje clave de la serie, el anciano Oh Il-nam.
Otro elemento cuyo simbolismo resalta a la vista son los juegos en sí. Si bien éstos pueden interpretarse como una alegoría de la vida misma, es posible que también hagan referencia a la vida de Il-nam; si prestamos atención a los diálogos de Il-nam, notamos en sus palabras un deje de nostalgia, un recorrido por los recuerdos de su vida desde sus orígenes humildes hasta la cúspide.
Ahora bien, la narrativa y las actuaciones me parecieron excelentes; cada capítulo te muestra un estudio de personaje, centrándose principalmente en Gi-hun (Lee Jung-jae), Sang-woo (Park Hae-soo) y Kang Sae-byeok (Jung Ho-yeon), quienes tienen pasados conflictivos. El final no estuvo impactante, pero te deja la posibilidad de que quizás las cosas se pongan más interesantes en un futuro próximo.
