El hecho de ser el habla un acto continuo nos hace verlo como algo normal, hecho que nos lleva a perder el interés en su importancia y beneficios, siendo allí donde radica una de las causas de los problemas que vamos teniendo al comunicarnos.
Cuando nos detenemos a revisar en qué consiste hablar, vamos a descubrir que es una acción que siempre tiene un fin comunicativo concreto, determinada por la intención que se tiene y por el fin que se busca.
Sin embargo, muchos estamos en la comodidad de hablar y no hacemos conciencia de los malos hábitos que poseemos y que comprometen estos acto.
Es por ello, que hoy deseeo que revisemos las tres dimensiones: intención, el efecto y el acto que desarrollamos cada vez que hablamos y que podemos ilustrar con un ejemplo de Voltaire quien expresó:
Cuando un diplomático dice sí, quiere decir «quizá»; cuando dice quizá, quiere decir «no»; si dice no, no es un diplomático. Cuando una dama dice no, quiere decir «quizá»; cuando dice quizá, quiere decir «sí»; si dice sí, no es una dama.
En este ejemplo observamos como la realidad complica, dificulta y
hace que el acto de hablar vaya más allá de expresar unas ideas, compartir unas expresiones o describir el mundo, acá descubrimos que todos nosotros hacemos cosas con las palabras: dar, pedir, describir, manifestar y más.
Ahora bien, la primera dimensión que debemos dominar es la que teóricos como J. L. Austin. denominan
locutiva que es la acción natural de hablar que poseemos los seres humanos.
Es lo que hacemos de forma continua y permanente, nos expresamos con quienes interactuamos: hola, adios, ven, me voy, por ello el saber pronunciar, respetar las estructuras verbales y el sentido de lo que estamos diciendo es fundamental para que podamos aprovechar en su máxima expresión esta dimensión.
Es decir, en el momento que manifestemos una oración que sea interpretable: “me quiero ir” por ejemplo, estamos aprovechando la dimensión locutiva del habla.
La segunda la entenderemos como la dimensión del efecto, tambien llamada ilocutiva, acá hablamos con una intención que deseamos lograr, por ejemplo cuando decimos ¿me puedes perdonar? acá la intención es expresar una pregunta y quien nos oye va a responder en la medida que entienda la intención.
Si estudiamos la frase de ejemplo y lo comparamos con nuestra acción diaria, podemos descubrir que en más de una ocasión la intención que tienen nuestras palabras no generan el resultado esperado, porque la persona que nos escucha asume un efecto diferente al que hemos deseado compartir.
De allí la importancia, de asumir nuestra responsabilidad para expresarnos de manera acertada, debiendo estudiar y aprender las herramientas para comunicarnos de manera correcta.
De este modo, al dar un mensaje con un significado común con el oyente, estamos por un lado, diciendo algo con una finalidad o intención y provocando un efecto (convencer de la promesa al interlocutor).
Este último es lo que denominan los teóricos como acto perlocutivo, entendido como "la dimensión del efecto", debido que el oyente al escucharnos interpreta y reacciona en función a ello.
Por ejemplo, yo digo "deja las llaves sobre la mesa” el receptor reaccionará de la manera que la expresión haya tenido efecto sobre ella: pudiendo ser un mandato o una petición.
Por consiguiente, la dimensión perlocutiva no se encuentran en el lenguaje propiamente dicho, debido que las palabras, su construcción y coherencia están definidas, sino que se logra gracias a él, porque es el individuo quien actúa gracias a ella.
En conclusión, un acto de habla implica abordar de forma simultánea tres dimensiones: locutiva (deciar algo con un mensaje interpretable), ilocutiva (la intención con la cual se emite el mensaje) y perlocutiva (el efecto que dicho mensaje genera sobre quien nos oye).
Portada del post tomada de pixabay y editada en PSD
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